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Saturday, March 19, 2011

La Peninsula Ibérica en el Siglo II a.c.

La península Ibérica previa a la colonización romana se presenta como un conglomerado de pueblos sin ningún tipo de unidad política ni cultural, sobre los que desde muy temprano dejarían sentir su influencia los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses. Sin embargo, todos ellos estuvieron centrados únicamente en el comercio, de forma que dichos pueblos indígenas siguieron su existencia anterior sin mayores cambios que los producidos por el inevitable intercambio cultural.

http://www.arkeotavira.com/

Todo cambiaría con la llegada de Roma a la península en el año 218 a.c., cuando las legiones de Cneo Cornelio Escipión desembarcaron en Ampurias para hacer frente a sus enemigos cartagineses. Tras alcanzar la conquista de la zona cartaginesa en el 206 a.c. comenzará su expansión por el resto del territorio peninsular. Un proceso sumamente largo que culminará en el 17 a.c. y en el que la variedad cultural del territorio ibérico quedará asimilada al nuevo sistema.

Jose

Wednesday, March 16, 2011

El Asedio de Numancia - Un escollo en la Expansión Romana por la Peninsula Ibérica

El intereses de Roma por la Península Ibérica debe remontarse al hecho de ver como su principal enemigo, Cartago iba haciéndose dueño de todo el sur y el levante peninsular y como en su conquista iba reclutando un gran ejercito compuesto por iberos, el cual podría, llegado el momento, enfrentarse al ejercito romano con importante superioridad numérica.

Ante tal avance dirigido por el cartaginés Asdrúbal, Roma tuvo que pactar en el 226 a.c para que éste no llegase a traspasar el Ebro. Aun así, la toma de la ciudad de Sagunto, aliada de Roma, provocó la Segunda Guerra Púnica y Roma por primera vez comienza a adentrarse militarmente en la península.

Roma, a comienzos del siglo II a.c., ya controlaba el sur peninsular y la costa del Levante con una penetración de entre cincuenta y cien kilómetros. La creciente rapacidad de los administradores que Roma enviaba para gobernar los nuevos territorios tuvo como consecuencia un levantamiento masivo de celtiberos en el 153 a.c que ante la respuesta romana se refugiaron en Numancia.



Durante casi 20 años, diferentes pretores, cónsules y generales pasaron por Numancia con el único objetivo de someter a sus pobladores. Nombres como Fulvio Nobilior, Claudio Marcel, Metelo el Macedónico, Pompeyo, Popilio Lenate, Mancino, Emilio Lépido, Furio Filón y Calpurnio Pisón lo intentaron con mayor o menor empeño y alternando periodos de intensa actividad bélica con otros de calma tensa. Pero todos con el mismo resultado.

Todo cambio con la llegada de Publio Escipión Emiliano, el Africano, conquistador y destructor de Cartago. Tras realizar un rodeo previo por tierras burgalesas en las que arrasó tierras y cultivos con el fin de que no llegaran suministros a Numancia, llegaría a la misma en septiembre del 134 a.c con un ejército de 60.000 hombres.

Como profundo conocedor de las técnicas de asedio, lo primero que hizo fue forzar la disciplina de las tropas allí acantonadas que al cabo de tantos años no había hecho sino relajarse sobremanera. A continuación, Escipión ordenó la creación de una gruesa empalizada que rodearía la ciudad completamente, y a la que añadió un foso y siete campamentos fortificados. Además, cada 100 metros dispuso de una torre que servía tanto de vigilancia como para el lanzamiento con catapultas. Los ríos también fueron protegidos con una malla con púas que impedía el paso de embarcaciones y de nadadores. Toda esta infraestructura estaría acabada para noviembre del 134 a.c. Tan solo dos meses.



Ante tamaño despliegue, los numantinos se vieron incapaces de sortear el cerco. En tan solo una ocasión, diez hombres fueron capaces de salir de la ciudad. Su objetivo era alcanzar las aldeas cercanas para convencerlas de que realizaran un ataque por la retaguardia. Únicamente en Cantalucia encontraron apoyo, pero fueron rápidamente descubiertos y Escipión ordenó cortar las manos a cuatrocientos hombres de la ciudad.

Numancia estaba totalmente aislada. Era cuestión de tiempo y en el verano del 133 a.c. los numantinos, tras nueve meses de asedio, ya sin medios para subsistir, los que no se suicidaron, tuvieron que rendirse. Escipión vendió a sus habitantes como esclavos, a excepción de cincuenta de ellos, que llevó consigo a Roma como símbolo de la victoria. A la ciudad le reservó el mismo destino que a Cartago, reduciéndola a escombros, sembrando de sal los campos para hacerlos estériles y prohibiendo su reconstrucción.

La victoria sobre Numancia fue decisiva en la conquista de la Península, pues tras ella, las puertas de la Meseta quedaron abiertas.

Todo un ejemplo de valor ante un enemigo muy superior en número y con una técnica militar mucho más depurada.

JF





Tuesday, March 15, 2011

La Península Ibérica en el Siglo II d.c. [The Iberian Peninsula in the second century AD]

La conquista de la Península por parte de Roma da comienzo en el año 218 a.c. y puede darse por concluida a finales del siglo I a.c. en el año 27 a.c.

Ya en el año 197 a.c. habían conquistado todo el litoral mediterraneo y con el objeto de administrar adecuadamente sus nuevos territorios los dividieron en dos provincias: la Hispania Citerior con capital en Tarraco y la Hispania Ulterior con capital en Corduba.

De La Historia en Mapas


Conforme las conquistas hacia el interior de la península se fueron sucediendo, también crecieron los dominios incorporados a las dos provincias mencionadas.

Tras finalizar la conquista de toda Hispania en el 27 a.c., Cesar Augusto dividió la provincia Hispania Ulterior en dos nuevas provincias: Hispania Ulterior Betica con capital en Corduba e Hispania Ulterior Lusitana con capital en Emerita Augusta.

De La Historia en Mapas


Esta división persistirá hasta finales del siglo III. En el año 298 Diocleciano dividirá la Tarraconense en tres: Cartaginense, Tarraconense y Galaecia

Errata: El gráfico es del II d.c no del II a.c.

JF

Monday, August 2, 2010

La Peninsula Ibérica en el Siglo II a.c.

La península Ibérica previa a la colonización romana se presenta como un conglomerado de pueblos sin ningún tipo de unidad política ni cultural, sobre los que desde muy temprano dejarían sentir su influencia los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses. Sin embargo, todos ellos estuvieron centrados únicamente en el comercio, de forma que dichos pueblos indígenas siguieron su existencia anterior sin mayores cambios que los producidos por el inevitable intercambio cultural.

http://www.arkeotavira.com/

Todo cambiaría con la llegada de Roma a la península en el año 218 a.c., cuando las legiones de Cneo Cornelio Escipión desembarcaron en Ampurias para hacer frente a sus enemigos cartagineses. Tras alcanzar la conquista de la zona cartaginesa en el 206 a.c. comenzará su expansión por el resto del territorio peninsular. Un proceso sumamente largo que culminará en el 17 a.c. y en el que la variedad cultural del territorio ibérico quedará asimilada al nuevo sistema.

Jose

Saturday, December 26, 2009

El Asedio de Numancia - Un escollo en la Expansión Romana por la Peninsula Ibérica

El intereses de Roma por la Península Ibérica debe remontarse al hecho de ver como su principal enemigo, Cartago iba haciéndose dueño de todo el sur y el levante peninsular y como en su conquista iba reclutando un gran ejercito compuesto por iberos, el cual podría, llegado el momento, enfrentarse al ejercito romano con importante superioridad numérica.

Ante tal avance dirigido por el cartaginés Asdrúbal, Roma tuvo que pactar en el 226 a.c para que éste no llegase a traspasar el Ebro. Aun así, la toma de la ciudad de Sagunto, aliada de Roma, provocó la Segunda Guerra Púnica y Roma por primera vez comienza a adentrarse militarmente en la península.

Roma, a comienzos del siglo II a.c., ya controlaba el sur peninsular y la costa del Levante con una penetración de entre cincuenta y cien kilómetros. La creciente rapacidad de los administradores que Roma enviaba para gobernar los nuevos territorios tuvo como consecuencia un levantamiento masivo de celtiberos en el 153 a.c que ante la respuesta romana se refugiaron en Numancia.



Durante casi 20 años, diferentes pretores, cónsules y generales pasaron por Numancia con el único objetivo de someter a sus pobladores. Nombres como Fulvio Nobilior, Claudio Marcel, Metelo el Macedónico, Pompeyo, Popilio Lenate, Mancino, Emilio Lépido, Furio Filón y Calpurnio Pisón lo intentaron con mayor o menor empeño y alternando periodos de intensa actividad bélica con otros de calma tensa. Pero todos con el mismo resultado.

Todo cambio con la llegada de Publio Escipión Emiliano, el Africano, conquistador y destructor de Cartago. Tras realizar un rodeo previo por tierras burgalesas en las que arrasó tierras y cultivos con el fin de que no llegaran suministros a Numancia, llegaría a la misma en septiembre del 134 a.c con un ejército de 60.000 hombres.

Como profundo conocedor de las técnicas de asedio, lo primero que hizo fue forzar la disciplina de las tropas allí acantonadas que al cabo de tantos años no había hecho sino relajarse sobremanera. A continuación, Escipión ordenó la creación de una gruesa empalizada que rodearía la ciudad completamente, y a la que añadió un foso y siete campamentos fortificados. Además, cada 100 metros dispuso de una torre que servía tanto de vigilancia como para el lanzamiento con catapultas. Los ríos también fueron protegidos con una malla con púas que impedía el paso de embarcaciones y de nadadores. Toda esta infraestructura estaría acabada para noviembre del 134 a.c. Tan solo dos meses.



Ante tamaño despliegue, los numantinos se vieron incapaces de sortear el cerco. En tan solo una ocasión, diez hombres fueron capaces de salir de la ciudad. Su objetivo era alcanzar las aldeas cercanas para convencerlas de que realizaran un ataque por la retaguardia. Únicamente en Cantalucia encontraron apoyo, pero fueron rápidamente descubiertos y Escipión ordenó cortar las manos a cuatrocientos hombres de la ciudad.

Numancia estaba totalmente aislada. Era cuestión de tiempo y en el verano del 133 a.c. los numantinos, tras nueve meses de asedio, ya sin medios para subsistir, los que no se suicidaron, tuvieron que rendirse. Escipión vendió a sus habitantes como esclavos, a excepción de cincuenta de ellos, que llevó consigo a Roma como símbolo de la victoria. A la ciudad le reservó el mismo destino que a Cartago, reduciéndola a escombros, sembrando de sal los campos para hacerlos estériles y prohibiendo su reconstrucción.

La victoria sobre Numancia fue decisiva en la conquista de la Península, pues tras ella, las puertas de la Meseta quedaron abiertas.

Todo un ejemplo de valor ante un enemigo muy superior en número y con una técnica militar mucho más depurada.

JF





Thursday, March 5, 2009

El Mediterraneo antes de las Guerras Púnicas [The Mediterranean before the Punic Wars]

Hasta el 264 ac Cartago fue la dueña y señora del Mediterráneo occidental, controlando numerosos enclaves: toda la costa africana occidental, la costa sur de la Península Ibérica así como las grandes islas del mediterráneo occidental: Sicilia, Baleares, Córcega y Cerdeña.

Pero había llegado el momento de Roma y su fuerza expansiva, la hizo entrar en conflicto con sus vecinos mas poderosos: Cartago y Macedonia.

Las Guerras Púnicas constituyeron una serie de 3 guerras entre el 264-146 ac en las que se enfrentaron Roma y Cartago por el control del Mediterráneo. La conclusión de las mismas supuso la destrucción total de Cartago y la anexión a Roma de todos sus territorios.

El Imperio que Alejandro Magno había logrado, quedo dividido a su muerte entre su 4 generales. Macedonia constituyo el otro frente de batalla con Roma. Las llamadas Guerra Illiricas del 229-219 ac y las Guerras Macedónicas del 214-148 ac acabaron conviertiendo a Macedonia en una Provincia Romana.

Así pues, en un margen de unos 120 años, Roma absorbió el Imperio Macedonio y el Imperio Cartaginés. Mas adelante caerían el Imperio Seleucida, el Imperio Ptolemaico.