De tanto en tanto surgen películas de ciencia ficción memorables. El año pasado pudimos ver dos joyas del género tan diferentes como Moon o Avatar. Y este es el año -hasta ahora, claro está- de Inception (Origen). Si todavía no la has visto, debes hacer dos cosas inmediatamente. Lo primero, dejar de leer esta entrada. Cuanto menos sepas sobre la trama, mejor. Lo segundo, acude al cine más cercano y hazte un favor: compra una entrada.
En general, los aficionados a la sci-fi somos un grupo de sufridos masoquistas que nos conformamos con cualquier cosa que alimente nuestras delirantes psiques, de tal modo que cuando vemos algo tan grandioso como esta película nuestras neuronas se quedan bloqueadas en un estado de incredulidad catatónica, preguntándonos si lo que acabamos de contemplar es real o no: ¿de verdad se han atrevido en Hollywood a tratar a los espectadores como seres racionales? No me lo creo, debe ser un sueño.
Inception es una superproducción única porque no tiene miedo en presentar una historia compleja e inteligente. Es un viaje trepidante al subconsciente -literalmente- y al interior de la propia noción de realidad, ésa que construimos en nuestra mente todos los días. Una reflexión sobre el amor, la muerte y el tiempo. En resumen, una reflexión sobre todo aquello que nos define como seres humanos.
No nos engañemos, Inception es ante todo una película de acción. Y, sin embargo, no se abusa de los efectos especiales, por otro lado impecables. Tanto es así que un pequeño trompo logra mantener la expectación del público tanto o más que cualquier escena de acción, algo insólito en el género. Como protagonista, destaca un DiCaprio soberbio en su papel del extractor Dom Cobb, lo que no me ha sorprendido en absoluto, pues siempre he pensado que es un magnífico actor. Además, las continuas referencias a Escher, Penrose o la "física de los sueños" harán las delicias de cualquier geek/nerd que se precie.
Que sí, que ya sé que la idea central de Inception se parece a al guión de películas como Matrix, Dreamscape, Existenz o, sobre todo, Nivel 13 (The Thirteenth Floor). Pero no es menos cierto que los argumentos de Matrix o Nivel 13 eran de todo menos nuevos: cualquier aficionado a la ciencia ficción podría citar de memoria varias novelas o historias cortas con una temática similar. La literatura de ciencia ficción siempre ha ido muy por delante de su contrapartida cinematográfica, continuamente sometida a las imposiciones comerciales. Si es por criticar, también podríamos decir que algunas escenas de acción parecen un tanto forzadas y poco creíbles, aunque teniendo en cuenta que hablamos de sueños, supongo que esto no es algo especialmente grave. Si este es el "precio" que tengo que pagar por ver una producción con un final digno, lo pago encantado. Al fin y al cabo, el que escribe estas líneas se ha tragado todas las temporadas de Battlestar Galactica, una serie de sci-fi cuyo final me hizo plantearme seriamente la conveniencia de solicitar la pena de muerte para los guionistas. Pero, a diferencia de sus predecesoras, Inception no adorna la historia con referencias metafísicas o religiosas. Nada de elegidos, dioses o seres sobrehumanos. Nada de batallas decisivas para salvar la Humanidad. Sólo la mente desnuda y sus miedos internos.
Es cierto que no se trata de una obra de ciencia ficción hard, pero no es en modo alguno fantasía, algo que parece que no ha quedado claro para todo el mundo. Vale que la tecnología en la que se basa no se explica en ningún momento -quizás es mejor que sea así-, o que seguimos preguntándonos cómo es posible recrear un sueño dentro de otro sueño con este sistema, pero el caso es que Christopher Nolan es totalmente coherente con las normas del universo que ha creado -al fin y al cabo es el arquitecto del film- y las presenta como resultado de un avance técnico que podría ser real, como en cualquier buena historia de sci-fi. Curiosamente, Nolan fue también el director de The Prestige (El Truco Final), otra película de ciencia ficción fuertemente criticada por aquéllos que no la entendieron. Y es que tengo la impresión de que la mayor parte de críticas negativas a esta película provienen de gente que no le gusta -o simplemente no comprende- la ciencia ficción.
Es posible que Inception no sea una película perfecta. Demasiados frentes abiertos y puede que demasiadas ganas por contentar al mayor número posible de espectadores. En todo caso, independientemente de si te gusta o no, seguro que no te dejará indiferente.
Sí, yo también voy a opinar sobre de Perdidos. Al fin y al cabo, para algo tengo una sección de "cine" en el blog.
Seis años. Seis años viendo todos los episodios -121-, enteritos, de principio a fin. No digo que los viese religiosamente porque mentiría, pero sí que lo hacía con cierta regularidad. Siempre fui de los que preferían esperar y ver tres o cuatro episodios de un tirón antes que quedarse colgado cada semana del cliffhanger de turno que, siempre, siempre, estaba allí, para desesperación y regocijo de todos los seguidores.
Nunca he sido un aficionado a las series de televisión, pero con ésta hice una excepción y, la verdad, no me arrepiento. ¿El final ha sido malo? Pues hombre, francamente, ha estado mucho mejor de lo que esperaba teniendo en cuenta el nivel de las últimas temporadas y el berenjenal en el que se habían metido los guionistas. Evidentemente, este final no explica absolutamente nada acerca de las incógnitas de la isla y, de hecho, tiene un par de momentos WTF que causan más risa que otra cosa (por dios, ¿un tapón?). Pero, ¿acaso alguien se esperaba una revelación? Desde la tercera temporada me quedó claro que los guionistas no tenían ni idea de cómo demonios resolver los cada vez más numerosos misterios de la isla que se iban acumulando, así que el final sólo ha podido defraudar a los que pensaban que todo esto tenía una explicación coherente. Pero no la tenía y los creadores decidieron darle una muerte digna -nunca mejor dicho-, algo que se agradece. Puede que fuese una serie pedante, pomposa y totalmente overrated, sí, pero también era entretenida, inteligente y diferente. Y es que esa es la magia de Perdidos: conseguir que te emociones viendo el final de la serie al mismo tiempo que maldices a todos los antepasados de los guionistas por perpetrar semejante despropósito.
¿Una obra maestra? En absoluto. Pero sí ha sido una serie que nos ha hecho pasar muy buenos momentos y ha cumplido con creces su labor de entretenernos. El viaje ha merecido la pena, aunque el destino se haya revelado como un hotelucho de mala muerte. Es hora de pasar página y decir adiós o, como diría Desmond, see you in another life, brotha!
He de confesar un secreto: no soy un gran admirador de los documentales astronómicos. La mayoría me parecen demasiado poco rigurosos o con un enfoque sensacionalista bastante molesto. Por este motivo no presté demasiada atención a la nueva serie de la BBC Wonders of the Solar System. La serie está presentada por el nuevo ídolo mediático de la física moderna, Brian Cox, quien, por cierto, parece haber tomado el relevo de Brian Greene en el complicado puesto de "físico-más-televisivo-del-momento". Pero, con Cox o sin Cox, simplemente no me apetecía ver otro típico documental más del montón.
Sin embargo, harto de escuchar alabanzas sobre el primer capítulo, Empire of the Sun, y tras varias recomendaciones de buenos amigos, me decidí a visionarlo. Y la verdad es que...¡guau!, impresionante. No sé si sería la alta definición, la bellísima fotografía o la música, pero el resultado es espectacular. Todo un ejemplo de manual de cómo debe ser el documental perfecto. En realidad, más que un documental astronómico es una bella obra de arte, casi una película. En todo caso, ningún amante de la astronomía -o de la ciencia, ya que estamos- debe perdérselo. Desconozco si el resto de capítulos estarán al nivel del primero, pero éste me ha bastado para convencerme de la alta calidad de la serie. Si no lo han visto todavía, háganse un favor y disfruten de esta maravilla. Eso sí, no olviden verlo en alta definición.
Si otro día comentábamos por aquí el estreno de la película Avatar de James Cameron, hoy me gustaría hablar de un curioso fenómeno relacionado con el film. Me refiero al lenguaje de los Na'vi, esos "pitufotes" alienígenas de tres metros que habitan Pandora. Se lo crean o no, Cameron contrató a un lingüista profesional (Paul Frommer) con el objetivo de inventar una lengua "real" para los Na'vi, de modo que los extraterrestres azules no fueran menos que los Klingon de Star Trek.
Más de allá de ser una mera anécdota que hará las delicias de los fans de la película, el lenguaje ha cobrado vida propia y ya son miles las personas que desean aprender este curioso idioma. Aunque los detalles del lenguaje disponibles actualmente son relativamente pocos -sin duda a la espera de la publicación de los libros oficiales correspondientes (no olviden que al fin y al cabo esto es Hollywood)- ya se han creado páginas web dedicadas al aprendizaje del Na'vi. De entrada, el propio Frommer nos enseña las características principales del idioma en The Language Log y, por supuesto, ya tenemos una detallada entrada en la Wikipedia. Pero si se han quedado con ganas, no olviden pasarse por Learnnavi.org, una página no oficial donde encontraremos diverso material didáctico, incluido un foro para discutir nuestras dudas en el que participa mucha gente con tiempo libre y algún que otro trastorno mental.
Hasta la fecha se han creado miles de conlangs (lenguajes artificiales) y se seguirán creando en el futuro, pero creo que es la primera vez que asistimos al nacimiento "en directo" de uno con suficiente tirón popular y masa crítica para generar contenidos, corregir inconsistencias internas y evolucionar.
El lenguaje en sí, como sus hablantes nativos, no es especialmente diferente a los idiomas humanos. Una de las premisas básicas con las que jugó Cameron es que esta lengua pudiese ser pronunciada por los actores sin mayores problemas, así que, aunque original, no me parece en nada alienígena. La fonética es curiosa, pero muy similar a la de determinadas lenguas propias de indígenas americanos o de la Polinesia. El sistema de declinaciones recuerda al usado en las lenguas indeoeuropeas con toques de otros idiomas -como por ejemplo el euskera o georgiano (caso ergativo) o el japonés (uso de un caso similar a la partícula wa)- la conjugación verbal recuerda vagamente al turco, etc., etc. Habrá que ver si el apoyo popular a este lenguaje aguanta el paso del tiempo, pero en todo caso se trata de un fenómeno lingüístico muy interesante...y entretenido.
Pues eso, Eywa ayngahu.
(Gallifante para el primero que me deje un comentario en Na'vi)
Resumen del idioma Na'vi (Quentin Martinez/learnnavi.org).
Cuando pudimos ver el primer tráiler de Avatar, muchos nos temimos que el gran proyecto de James Cameron terminaría siendo una insulsa mezcla de Aliens con Pocahontas y que seguiría un guión previsible y poco original. Así que ayer acudí al cine esperándome lo peor y con pocas esperanzas de ver una historia interesante.
Y, efectivamente, es una mezcla de Aliens con Pocahontas (bueno, más bien Bailando con Lobos o El último Samurái)...pero también es una maravillosa película de acción y ciencia ficción. Genio en estado puro. Y eso pese al riesgo que asume el director: Cameron se mueve en todo momento por la delgada línea que separa una buena película de un bodrio comercial, pero -aunque el resultado dependerá obviamente de los gustos de cada uno- consigue no caer por el precipicio hollywoodiense. Porque Avatar es grandiosa, original, entretenida y emocionante a partes iguales. ¿Previsible? Puede, pero sólo en líneas generales, ya que la película está repleta de pequeños detalles que te mantendrán pegado a la butaca con la boca abierta.
Si el guión puede admitir alguna crítica, visualmente no hay objeción alguna: Avatar es una fiesta para los sentidos, una exaltación de la imaginación. En este sentido, es la película más impactante que he visto en mi vida. Así de simple. Pandora se nos presenta con todos los detalles de un mundo real, con una hermosura apabullante. Y al igual que su planeta natal, los Na'vi, seres de una belleza perfecta, parecen sacados de una novela de fantasía, aunque al mismo tiempo resultan plausibles. Son lo suficientemente extraños para que el espectador los considere exóticos y alienígenas, pero también lo bastante humanos para que nos sintamos identificados con sus miedos y esperanzas. Cameron consigue que durante más de dos horas pensemos en Pandora como en nuestro hogar y que, como el protagonista, sintamos la necesidad de defenderlo de la invasión de la "gente del cielo". El argumento ecologista está basado en la Hipótesis de Gaia extrema y, aunque pueda parecer ingenuo y simple, funciona como eje narrativo. Por supuesto, desde el punto de vista científico hay miles de incoherencias y errores, pero, francamente, ¿a quién le importa? Y es que ésa es la clave de Avatar: da igual que la historia sea ingenua y previsible, o que la trama esté repleta de clichés que hemos visto en innumerables ocasiones en otras películas, porque el resultado final es mágico y diferente. Francamente, hacía muchos, muchos años que una película no me emocionaba tanto y me hacía sentir como un niño que va por primera vez al cine. Normalmente, cuando veo una película de ciencia ficción, mi mente siempre me susurra en segundo plano cosas como "esto no es exacto" o "menudo fallo científico". No en esta ocasión. ¿Montañas flotantes? ¿Por qué no?
Avatar me ha devuelto la confianza en las grandes superproducciones de Hollywood: está claro que todavía se pueden hacer buenas películas comerciales de ciencia ficción.
Al fin y al cabo, ¿quién dijo que Pocahontas no podía ser espectacular?
Pandora es un satélite ligeramente más pequeño que la Tierra que orbita un gigante gaseoso situado en la zona habitable de su sistema. Curiosamente, esto es quizás lo que más sentido tiene desde el punto de vista científico en toda la película.
Un astronauta solitario encargado de la extracción de Helio-3 en una base minera lunar a cargo de la compañía coreana Sarang ("amor" en coreano). Ese es el argumento de Moon, la mejor película de ciencia ficción del año y quizás una de las mejores en la historia de este subgénero marginado. Duncan Jones hace un magnífico trabajo demostrando que todavía se pueden hacer obras de ciencia ficción inteligentes y soprendentes sin caer en la esclavitud de los efectos especiales o las invasiones alienígenas. Que nadie se espere flotas estelares pegando cañonazos o zombis mutantes: Moon es una película lenta, dulce y reflexiva para disfrutar sin agobios ni prisas.
El film está especialmente dirigido a un público aficionado a las películas de ciencia ficción y eso se nota. Las continuas referencias a los clásicos llaman la atención, pero precisamente por el uso particular que el director hace de ellas. Justo cuando uno piensa que la trama va a seguir alguno de los tópicos que hemos visto en multitud de ocasiones, Jones te sorprende y hace todo lo contrario, casi como si pudiera leerte la mente. Gran parte del éxito de la película se debe a la gran interpretación de Sam Rockwell en el papel de Sam Bell (preciosa ¿coincidencia?), quien lleva en solitario todo el peso dramático de la obra. Los efectos especiales, sin ser espectaculares, son más que suficientes para contar la historia. Obviamente podemos encontrar unos cuantos "gazapos científicos" (esa gravedad lunar, esos trajes de presión sin presión, esa Tierra enorme...), pero francamente carecen de importancia y no impedirán a ningún geek fundamentalista disfrutar de la película. Por último, no podemos olvidar la maravillosa banda sonora de Clint Mansell, que consigue ponerte los pelos de punta en más de una ocasión.
Al principio pensé que se trataba de un refrito que mezclaba conceptos de 2001, Silent Running Solaris y Atmósfera Cero (Outland), pero estaba completamente equivocado. Moon es mucho más. Desgraciadamente, no se puede hacer una crítica más profunda de la película sin destripar sus sorpresas, así que mi recomendación es no ver ningún tráiler ni leer ningún comentario en detalle antes de verla, si es que aún no lo has hecho. Moon es una esperanza frente al cine descerebrado y palomitero tan abundante hoy en día, una joya que sólo el tiempo logrará poner en su sitio.
He hecho una lista de las inexactitudes que aparecen en la película:
Según los científicos que aparecen por ahí, los neutrinos solares se emiten en la superficie solar junto con las CME y calientan el interior de la Tierra.
Dicen que el Antonov An-225 es un avión ruso.
Las placas tectónicas se mueven miles de kilómetros casi de golpe.
Aparece un cartel con caracteres chinos tradicionales, aunque la escena se supone que se ha rodado en la República Popular (y fuera de Hong Kong), donde se usan los simplificados.
Los actores no parecen asustados.
Todos los ordenadores portátiles del mundo son Sony Vaio.
No se ve al oso Yogi por Yellowstone.
¿Cuál es su favorita? Bueno, también sale una chorrada sobre no sé qué del fin del mundo y los mayas, pero no me enteré mucho entre tanto tsunami y tanta explosión.
El último científico que trabajó en la Biblioteca [de Alejandría] fue una matemática, astrónoma, física y jefe de la escuela neoplatónica de filosofía: un extraordinario conjunto de logros para cualquier individuo de cualquier época. Su nombre era Hipatia. Nació en el año 370 en Alejandría. Hipatia, en una época en la que las mujeres disponían de pocas opciones y eran tratadas como objetos en propiedad, se movió libremente y sin afectación por los dominios tradicionalmente masculinos.[...] Cirilo, el arzobispo de la ciudad, la despreciaba por la estrecha amistad que ella mantenía con el gobernador romano y porque era un símbolo de cultura y de ciencia, que la primitiva Iglesia identificaba en gran parte con el paganismo. A pesar del grave riesgo personal, continuó enseñando y publicando, hasta que en el año 415, cuando iba a trabajar, cayó en manos de una turba fanática de feligreses de Cirilo. La arrancaron del carruaje, rompieron sus vestidos y, armados con conchas marinas, la desollaron arrancándole la carne de los huesos. Sus restos fueron quemados, sus obras destruidas, su nombre olvidado. Cirilo fue proclamado santo.
Carl Sagan, "Cosmos".
Toda una generación quedó marcada por este relato sobre la vida de Hipatia que pudimos leer de la mano del genial Carl Sagan en Cosmos. Recuerdo que en mi niñez odiaba a Cirilo con todas mis fuerzas: era el símbolo del oscurantismo religioso intransigente frente a la luz de la razón representada por la Biblioteca de Alejandría. Hipatia era el mártir de la ciencia por excelencia, un símbolo del conocimiento que nos recordaba lo que podría haber sido y no fue. Nuestra civilización, sugería Sagan, podría haber estado camino de las estrellas hacía tiempo si la chispa del pensamiento grecorromano hubiese prendido en todo el mundo. Este mundo alternativo era tan brillante y perfecto que uno no podía sino maldecir a las religiones y las desgracias que habían causado a la Humanidad.
Por supuesto, esta imagen idílica no era totalmente cierta. En la época de Hipatia, ya hacía siglos que la Biblioteca de Alejandría -y el mundo grecorromano en general- había perdido la genialidad de la época helenística. La sociedad romana de Alejandría distaba de ser un remanso de paz y la intransigencia y el oscurantismo no eran monopolio de los cristianos. Los filósofos neoplatónicos -como Hipatia- se caracterizaban por defender prácticas y creencias que hoy en día identificaríamos con la superstición más rancia y oscura.
Pero corremos el riesgo de relativizar todo y llegar a la conclusión de que todas las épocas históricas son semejantes, con sus luces y sombras. Podríamos hacerlo, y de hecho lo hacemos continuamente, pero sería un error. Porque Hipatia fue la última luz del conocimiento que brilló en Alejandría. Tras ella, ningún otro pensador destacado aparecería en esta ciudad situada en el delta del Nilo. Nos guste o no, el cristianismo primero y luego el islam acabaron con una era donde la razón jugaba un papel protagonista.
Y ahora, casi treinta años después de Cosmos, aparece Ágora, una película de Alejandro Amenábar que nos ofrece esa imagen de Hipatia presentada por Carl Sagan. Y de hecho, muchos han criticado Ágora precisamente por su maniqueísmo: Hipatia es una santa de la ciencia que luce vestidos blancos y relucientes mientras que los cristianos son representados como sujetos siniestros, sucios, barbudos, feos y repugnantes. Y por supuesto que hay maniqueísmo, pero no debemos olvidar que se trata de una película, no de un documental. No me parece nada mal que por una vez una película ponga el dedo en la llaga de todas las religiones: la intolerancia y la intransigencia.
Por otro lado, Amenábar intenta en ocasiones alejarse de la imagen perfecta del mundo grecorromano y refleja las tensiones generadas por la esclavitud o los defectos de la religión pagana. Pese a todo, el mensaje es claro: el mundo antiguo era imperfecto, sí, pero era muy superior -al menos intelectualmente- a la alternativa que ofrecían los cristianos. Desde un punto de vista técnico, la ambientación histórica es magnífica y está muy bien lograda, lo que delata el intenso trabajo de documentación que se ha llevado a cabo. El reparto es también muy bueno: Rachel Weisz encarna a la perfección una Hipatia perfecta y pura cual esfera celeste ptolemaica, mientras que Sami Samir interpreta fantásticamente el papel del oscuro Cirilo.
Ágora no es sólo un alegato contra la intolerancia, sino, por encima de todo, una exaltación de la razón (ciencia) frente a la superstición (religión). Probablemente sea la primera película que se haya atrevido a ir tan lejos en este planteamiento, lo que podría explicar las dificultades que está experimentando para encontrar distribuidor en Estados Unidos, un país profundamente religioso. A diferencia de otras películas donde se intenta dar una de cal y otra de arena con argumentos infantiloides contra la razón del tipo "hay cosas que la ciencia no puede responder" o "el hombre no debería jugar a ser dios" -argumentos que me sacan de quicio, por cierto-, Ágora es brutalmente directa: la ciencia es el único camino para alcanzar el conocimiento. Además, Amenábar no se queda en la anécdota de Hipatia como una simple heroína pagana, sino que se atreve a ofrecer pinceladas de su trabajo como filósofa y sobre cómo aplicaba el método científico, algo inusitado en una película. La escena en la que vemos a Hipatia dilucidar la forma de las órbitas de los planetas es impresionante y logra transmitir toda la fuerza de la pasión por desentrañar los misterios del Universo, esa pasión que era el motor de la vida de Hipatia.
La película está repleta de simbolismos -el mejor: la Bibioteca convertida en un corral por los cristianos- y de diálogos con mucha fuerza. De entre todos ellos me quedo con la respuesta de Hipatia ante la pregunta de Sinesio (el cristiano bueno) sobre por qué no podía convertirse al cristianismo y que resume perfectamente el espíritu de la película:
Ayer fui al cine a ver Distrito 9 sin mucha esperanza, esperando encontrarme con una nueva decepcionante película de ciencia ficción. Por suerte, estaba equivocado. Distrito 9 es de lo mejorcito que ha parido el género en los últimos años. Es cierto que se trata más bien de una película de acción, quedando la ciencia ficción en un segundo plano, pero en cualquier caso el resultado es muy convincente y original. El director (Neill Blomkamp) utiliza en un principio un estilo "documental" -tan de moda en la actualidad- para dar más realismo a la trama, pero poco a poco, casi sin darnos cuenta, va pasando a un enfoque más típico de una película de acción. La transición se produce de tal forma que te engancha irremediablemente y añade credibilidad al conjunto de la historia.
El guión, aunque con algunos "agujeros", es realmente sólido y está bien ejecutado, sorprendiendo al espectador en todo momento. Lejos de intentar explicar todo, se dejan bastantes preguntas en el aire, lo que aumenta el interés del conjunto (por mi experiencia, cuando una película de ciencia ficción intenta desmenuzar la base de una historia suele fracasar estrepitosamente). Destaca la brillante actuación de Sharito Copley, el actor protagonista que lleva casi en solitario (bueno, si exceptuamos a los "bichos" CGI) todo el peso del film. Su papel de hombre corriente, con sus mezquindades, contradicciones y virtudes, que se transforma sin quererlo en un anti héroe es el verdadero núcleo de la historia.
Por supuesto, los efectos especiales son fantásticos, pero por primera vez en mucho tiempo, estamos ante una película de ciencia ficción donde los efectos están supeditados al guión y no al revés.
Y no cuento nada más, porque realmente vale la pena ver Distrito 9 sin saber nada de antemano para dejar que la historia te atrape y te sorprenda.
Si se quieren poner en situación para esta noche de cara al 40º Aniversario, nada mejor que ver unas cuantas películas/documentales:
For All Mankind (1989): mi favorito, sin duda. Más que un documental, es una película que te hace sentir lo que era formar parte de una misión Apolo. Aunque no es muy preciso desde un punto de vista técnico, la combinación de imágenes con la banda sonora de Brian Eno es simplemente cautivadora.
In the Shadow of the Moon (2007): documental reciente que cuenta con el testimonio único de varios de los astronautas del Apolo. Muy bueno.
Magnificent Desolation (2005): documental producido por Tom Hanks un tanto flojillo, pero con recreaciones espectaculares de los alunizajes y el interior de las naves.
De la Tierra a la Luna (1998): miniserie de Tom Hanks con doce capítulos dedicados al Apolo. Aunque el nivel la serie es muy desigual, aporta información muy detallada del Programa Apolo en su conjunto. El capítulo dedicado al Apolo 11 no me gustó especialmente, pero los del Apolo 8, 12 y 17 valen la pena.
Apolo 13 (1995): no podía faltar en cualquier lista de películas sobre el Apolo, aunque no se centre en el alunizaje por motivos obvios.
El domingo pasado fui a ver la última película de Star Trek. Toda la blogosfera bulle de opiniones/críticas/análisis detallados, así que no voy a aportar nada nuevo que no se haya dicho ya más de mil veces. Ante todo, dejar constancia que no me gusta criticar una película de ciencia ficción en base a sus "fallos" científicos. Por supuesto que hay fallos, docenas de ellos, pero ninguno llega al nivel de plantearte "¿qué hago viendo esto?", algo que me sucede cuando veo engendros como Armageddon o cosas por el estilo. Al fin y al cabo es una película de Star Trek, así que si aceptas que pueden existir motores warp o alienígenas sospechosamente similares al norteamericano medio (pero con orejas puntiagudas), entonces puedes pasar por alto los fallos científicos sin mayor problema.
Pero divago. Vayamos al grano: ¿vale la pena el film?. Pues la respuesta es un rotundo sí. Hombre, la verdad es que, tras años de sufrir bodrios varios como la última trilogía Star Wars o incluso las anteriores entregas de la saga trekkie, el listón no estaba muy alto que digamos. Supongo que, como la mayoría de aficionados a la ciencia ficción, fui al cine cual oveja al matadero, esperando encontrarme con un tostón insufrible pero con impecables efectos especiales. Y sin embargo, no fue así. La peli convence y entretiene y, sin llegar a ser una obra de arte, demuestra que todavía se pueden hacer superproducciones divertidas a la vez que ingeniosas. Porque, por encima de todo, Star Trek es una película divertida, ideal para pasarlo bien una tarde de domingo.
Eso sí, me gustaría saber qué demonios es la materia roja...¿no teníamos bastante con la materia oscura?
Start Nº 100 (Старт № 100, "lanzamiento número 100") es una fantástica producción de los estudios Roskosmos sobre la preparación y lanzamiento de la Soyuz TMA-13 (se puede descargar aquí, en ruso). El documental cuenta con las contribuciones del jefe de la empresa RKK Energía (Vitali Lopota), el director de Roskosmos (Anatoli Perminov) y varios cosmonautas como Serguéi Krikaliov o Yuri Gidzenko, además de los propios tripulantes. Muchos momentos harán las delicias de los aficionados a la cosmonáutica, aunque sin duda lo mejor ha sido poder contemplar las instalaciones de RKK Energía en Moscú, donde se fabrican y montan las naves Soyuz y Progress. Pese a que estamos acostumbrados a ver imágenes de la preparación de estas naves en Baikonur, su fabricación todavía tiene cierto aura de secretismo.
Por cierto, el título es engañoso, porque aunque podemos estar de acuerdo en que la Soyuz TMA-13 es la 100ª misión Soyuz tripulada, de ningún modo se trata del 100º lanzamiento tripulado de una Soyuz.
La única pega es que, una vez más, las producciones de Roskosmos que nos podemos bajar de su página web adolecen de problemas de audio (se escucha más fuerte por un canal que por otro), aunque sólo se nota si lo vemos con auriculares.
Fincke le rinde honores al "Ingeniero Jefe" en Moscú (Roskosmos).
Instalaciones de la empresa Energía en Moscú (Roskosmos).
Imágenes inéditas de una cápsula Soyuz (Spuskaiemi Apparat, SA) durante su construcción (Roskosmos).
Preparación del sistema de acoplamiento (Roskosmos).
Tanques de combustible del AO ("sección de propulsión"), situado en el PAO (Roskosmos).
Integración de las tres partes de una Soyuz en la sede de RKK Energía (Moscú).
Método de alta tecnología empleado para medir la presión (Roskosmos).
El módulo orbital (BO) en construcción (Roskosmos).
Detalles del SA (Roskosmos).
Detalle de los umbilicales que conectan el SA con el PAO y el BO (Roskosmos).
El cosmonauta Serguéi Krikaliov explica las partes de una Soyuz (Roskosmos).
Uno de los bloques de la primera etapa de un cohete Soyuz llega al MIK-112 (Baikonur) en tren (Roskosmos).
Vista del búnker de lanzamiento situado al lado de la rampa de Gagarin. El controlador se dispone a quitar la protección de la llave de lanzamiento (Roskosmos).
La llave de lanzamiento (Roskosmos).
"¡Lancen torpedos uno y dos!", parece que va a decir este buen hombre. Pero no es un submarino, sino el interior del búnker de lanzamiento (Roskosmos).
No, no me he vuelto loco, ni tampoco es que la Shenzhou 7 vaya a visitar nuestro satélite. Me refiero al proyecto alemán Taikonauts, que narra la historia de un viaje tripulado chino a la Luna. Interesante.
Por cierto, la imaginaria nave lunar china se llama en la película "Yu Long", 月龙, "dragón lunar", aunque debería escribirse Yuè Lóng. Además los caracteres aparecen al revés, 龙月, aunque desconozco si es un error o el autor nos quiere decir algo. De todas formas me ha parecido un nombre muy sugerente, aunque no sé si los chinos pensarán lo mismo.
In the Shadow of the Moon (2006) es un impresionante documental sobre las misiones Apolo que me ha dejado maravillado. Los protagonistas indiscutibles son los veinticuatro astronautas que orbitaron o pisaron la Luna entre 1968 y 1972, los únicos seres humanos que han visitado otro mundo. La película narra la historia del programa lunar a través del testimonio directo de diez de los veinticuatro héroes: Aldrin, Collins, Bean, Lovell, Mitchell, Scott, Young, Duke, Cernan y Schmitt. Resalta la ausencia del antisocial Armstrong, cuya figura sin embargo está presente durante todo el documental, como es lógico. Especialmente divertidas son las anécdotas de Collins y Duke.
La calidad de las imágenes es excepcional, ya que se han usado las películas originales y no copias de copias de copias, como es habitual en otras producciones. Las tomas de los lanzamientos del Saturno V a cámara lenta y en "alta resolución" dejarán boquiabiertos a más de uno. La banda sonora de Philip Sheppard, creada expresamente para el film, es simplemente espectacular y es la causante de que se me pusieran los pelos de punta en más de una ocasión.
Por último, recomiendo a todos que se hagan con el DVD original, ya que los extras no tienen desperdicio. Además, los que no dominen el inglés que no se preocupen, porque los subtítulos en castellano vienen incluidos (por lo menos en la versión americana).
Más de uno se sorprenderá de lo viejos que están los supervivientes del Apolo, la mayoría rondando los 80 añitos. Mientras los veía no podía dejar de pensar en que existe una alta probabilidad de que ninguno de ellos vea el retorno del hombre a la Luna.
(CONCURSO EUREKA:¿Cuál es el nombre del astronauta que sale en la portada del DVD?)
It was a time when we did bold moves...
Jim Lovell
We didn't see the Moon until after we were there. It's like some of these science-fiction movies where you see this big meteorite just slowly moving. You could feel the Moon's presence, you couldn't see it. We went into darkness after being in daylight the whole time on our way to the Moon...we were in the shadow of the Moon.
Eugene Cernan
You know, some of the tabloids are saying that we did this in a hangar in Arizona... maybe that would have been a good idea!
Alan Bean
Trailer de la película.
Una foto de la familia del astronauta Charlie Duke (Apolo 16) todavía descansa en la superficie lunar.
Tras leer el libro del mismo nombre, me quedé con las ganas de ver este documental IMAX (2006) basado en las hazañas de los MERs, Spirit y Opportunity. El vídeo, producido por Disney, sólo dura unos 40 minutos (lo normal en las producciones IMAX), pero consigue reflejar el espíritu del libro. De hecho, la mayor parte del documental está narrada en primera persona por el propio Steve Squyres. Lo que más me ha gustado son las escenas de animación 3D del despegue del Spirit y, naturalmente, la entrada en la atmósfera marciana y el descenso, que, aunque basadas en la ya clásica "Six Minutes of Terror", han sido retocadas para esta producción con el fin de incluir los paisajes reales captados por los rovers.
Quizás la única pega sea precisamente que no se ve mucho de las actividades de los rovers en la superficie marciana, pero en todo caso, el libro también se centra más en la génesis de la misión que en su desarrollo.
Magnificent Desolation: Walking on the Moon (2005) es la tercera incursión de Tom Hanks en la historia del programa Apolo, tras protagonizar Apolo 13 y producir la miniserie De la Tierra a la Luna. En esta ocasión nos encontramos con un documental de 40 minutos de duración rodado para ser exhibido en los cines de gran formato IMAX 3D. Por eso, soy consciente que su visionado en DVD le resta el 80% o el 90% de la gracia al asunto, pero eso no es excusa para un astrotranstornado como yo, faltaría más. El caso es que esta obra combina imágenes reales de las Apolo (pocas) con escenas de ficción expresamente creadas para esta obra, que supongo es lo que llama la atención en pantalla IMAX.
Como documental no está mal, aunque tampoco es una gran obra maestra, pues obviamente se centra más en el aspecto visual que en el histórico, técnico o humano. Sin embargo, volvería a pagar los 17$ que cuesta sin dudarlo un instante (especialmente ahora, tal y como está la cotización dólar - euro), pues merece la pena sólo por contemplar la recreación del descenso del módulo lunar Falcon del Apolo 15, así como la preciosa Hadley Rille. También podemos experimentar la sensación de descender por la escalerilla del LM tal y como hizo Aldrin en el Apolo 11, el mismo que pronunció la expresión "magnificent desolation" al referirse a la superficie lunar.
Otra cosa que me gustó mucho es el hincapié que pone Hanks en la dificultad que tenían los astronautas en juzgar las distancias, ya que la falta de referencias visuales (árboles, casas, etc.) y la ausencia de atmósfera hacían casi imposible la tarea. Como curiosidad, se escenifica un accidente con el traje lunar A7L que, aunque por serte nunca tuvo lugar, podría haber puesto en riesgo la vida de cualquiera de los doce seres humanos que pisaron nuestro satélite.
En definitiva, si eres un fanático del espacio, cómpralo ya mismo.
The real stuff: el LM del Apolo 15 descendiendo hacia la superficie lunar cerca de la gloriosa Hadley Rille un hermoso día de julio en 1971,
Los trucos ópticos de la Luna. Vean esta imagen:
¿Una colina lunar? Pues no, se trata del Monte Hadley, que se levanta nada más y nada menos que 4500 metros sobre la superficie lunar y podemos contemplar desde la Tierra.
Más trucos ópticos. Premio para el que vea al Falcon en esta imagen:
Y esta ya la he puesto ya, pero como me gusta la pongo otra vez, que para eso el blog es mío:
Space Race es una serie de la BBC sobre el origen de la carrera espacial que podemos englobar en el subgénero del docu-drama. Por un lado, su estructura es la de un documental clásico, con una voz en off que nos va narrando los acontecimientos importantes. Por otro lado, toda la serie está rodada con actores y montada como si fuera una película. Este tipo de creaciones no suele convencer ni a los amantes del cine ni a los aficionados a los documentales, pero la verdad es que me ha gustado mucho y creo que puede servir para acercar al gran público este periodo clave de la historia.
La serie está centrada en dos personajes: Wernher von Braun y Serguéi Korolyov. Es posible que la elección de estos protagonistas sea simplificar en demasía la historia, pero no es del todo desacertada. Wernher von Braun consiguió poner en órbita el primer satélite americano con el misil Júpiter, construyó el misil Redstone que lanzó al primer astronauta de los EE.UU. y, naturalmente, fue el artífice del poderoso cohete Saturno V, sin el cual las misiones Apolo no habrían podido viajar a la Luna. Korolyov por su parte fue el creador del misil intercontinental R-7, que permitió el lanzamiento del Sputnik y, tras varias modificaciones, lanzar al espacio a Gagarin y a todos los astronautas de la URSS y Rusia, tarea que sigue llevando a cabo hoy en día. Otra semejanza entre ambos personajes es su difícil relación con la posteridad y la fama: el mundo se enteró de la existencia de Korolyov, "Diseñador Jefe" y genio de la cosmonáutica, sólo tras su muerte en 1966. Por otro lado, tras su momento estelar a principios de los 60, von Braun fue relegado poco a poco por los medios de comunicación oficiales, especialmente por la propia NASA, incómoda con la idea de que el público asociase los éxitos del programa espacial civil americano con un alemán ex miembro del partido Nazi que había llegado a ser Sturmbannführer de las SS y que se caracterizó durante la guerra por tener una tendencia desagradable a lanzar misiles V-2 contra poblaciones civiles, además de usar mano de obra esclava sin mucho pudor. Otro punto en común de ambos genios: los dos eran entusiastas de los cohetes y los viajes espaciales en en los años 20 y 30, cuando nadie apostaba seriamente por ellos. La II Guerra Mundial hizo que los políticos se sintiesen repentinamente interesados en los cohetes como posible arma ofensiva, especialmente el regimen Nazi, que con un suministro casi ilimitado de materiales, dinero y esclavos consiguió que von Braun crease para ellos el cohete A-4 (V-2). Tras la guerra y maravillados por la sofisticación del V-2, los gobiernos de la URSS y los EE.UU. se lanzaron a diseñar misiles cada vez más potentes con capacidad nuclear. Como sabemos, los EE.UU. se llevaron la mejor parte del botín de guerra: el propio von Braun, que inmediatamente empezó a construir misiles para los militares americanos. Sin embargo, aunque el trabajo inicial de Korolyov y von Braun era construir misiles, ambos no dejaron nunca de pensar en el espacio. La carrera espacial fue precisamente una carrera debido en gran medida a las ansias de ambos personajes por usar los misiles con los que trabajaban como instrumentos para la exploración espacial.
Naturalmente, también hay muchas diferencias entre ambos personajes: von Braun pudo quitarse el yugo de los militares cuando empezó a trabajar para la NASA, mientras que Korolyov jamás tuvo esa ventaja y tuvo que compatibilizar sus proyectos militares (prioritarios) con los civiles. Además, la oficina de Korolyov debía construir no sólo los cohetes, sino también los satélites y naves tripuladas que éstos lanzaban, mientras von Braun se centraba en los lanzadores. Curiosamente, Korolyov no podía diseñar ni controlar la manufactura de motores cohete, aspecto que recaía en manos de Valentin Glushko, mientras que von Braun sí que supervisaba el diseño y producción de los motores para sus cohetes. Este último punto sería de vital importancia en el desarrollo de ambos programas espaciales.
La serie nos presenta las dificultades del esfuerzo espacial soviético centrándose precisamente en la turbulenta relación entre Glushko y Korolyov. Ambos pasaron varios años en el Gulag, aunque Korolyov siempre pensó que Glushko fue su delator. La versión más difundida de su relación nos cuenta como Glushko se sintió celoso de los éxitos de Korolyov con el R-7 y favoreció a su competencia. También es famosa su discrepancia respecto al combustible que se debía usar en los cohetes: Glushko prefería combustibles hipergólicos (hidrazina y tetróxido de nitrógeno), de poco rendimiento y peligrosos, pero que podían permanecer más tiempo dentro del cohete y no necesitaban complejos mecanismos de ignición en los motores. Korolyov favorecía combustibles criogénicos, mucho más eficientes, pero que requieren motores más complejos.
La historia oficial nos presenta a un Glushko celoso, rencoroso y que rozaba la incompetencia, pues era incapaz de fabricar los complejos motores que Korolyov le demandaba, prefiriendo los más sencillos de tipo hipergólico. Personalmente encuentro esta visión de los hechos bastante injusta hacia la figura de Glushko. Rencillas personales aparte, el conflicto entre Korolyov y Glushko estaba motivada principalmente por la curiosa organización del programa de misiles soviético. Tras la guerra, el ejército de tierra y la fuerza aérea compitieron por el control de la nueva tecnología de misiles. Al final, el ejército se encargaría de los cohetes, pero la fuerza aérea consiguió mantener el control sobre la fabricación de los motores cohete. Este reparto tan poco práctico se agravó aún más con la consolidación de las oficinas de diseño (OKB), peculiares organizaciones soviéticas formadas en realidad por verdaderos complejos industriales que competían entre sí de manera pseudocapitalista por los pocos recursos económicos disponibles. Así, la oficina de Glushko (OKB-456, en la actualidad NPO Energomash) mantuvo su casi total monopolio sobre los motores cohete de alto rendimiento, mientras la oficina de Korolyov (OKB-1, hoy Energia) se encargaba del diseño de misiles y, posteriormente, de naves espaciales. Tener dos complejos industriales con intereses no siempre comunes diseñando un mismo vehículo es una fuente segura de conflictos y eso es precisamente lo que pasó entre Glushko y Korolyov.
Además, la mayoría de libros sobre astronáutica se olvidan de que el verdadero trabajo de Glushko y Korolyov no era la conquista del espacio. El gobierno soviético proporcionaba a ambos ingenieros sumas ingentes de dinero para que diseñaran misiles nucleares, ni más ni menos. Korolyov había conseguido junto con Glushko construir el primer misil soviético con capacidad nuclear, el R-5, lo que situó a ambos como figuras prominentes dentro del programa de misiles. Sin embargo, lo que las autoridades soviéticas deseaban por encima de todo era un misil intercontinental (ICBM) capaz de alcanzar el territorio de los EE.UU. con una cabeza nuclear. El resultado de este requerimiento fue el nacimiento del famoso R-7 Semyorka (SS-6 Sapwood), que abrió el camino al espacio.
Pese a ser un magnífico cohete, lo cierto es que el R-7 era un arma pésima, pues debido al uso de combustibles criogénicos, requería mucho tiempo para ser preparado para el lanzamiento. Mientras Korolyov luchaba por preparar el complejo R-7, Glushko conseguía poner en servicio los misiles de alcance medio R-12 (SS-4 Sandal) y R-14 (SS-5 Skean), misiles con combustibles hipergólicos (protagonistas de la Crisis de Misiles cubana, por cierto) construidos por la oficina OKB-596 (en la actualidad Yuzhnoe) de Mijail Yangel. Lógicamente, Glushko sabía que los militares eran los que pagaban todas las facturas, así que es normal que insistiese ante Korolyov en el uso de combustibles hipergólicos. Al ver que éste se negaba, es comprensible que Glushko favoreciese a Yangel ante la cúpula soviética. De hecho, la historia le daría la razón, pues el primer ICBM operativo que tuvo la URSS fue el R-16 (SS-7 Saddler), construido por Yangel y que entró en servicio en 1961. Pese a sus tremendos esfuerzos, la OKB-1 de Korolyov no fue capaz de poner en servicio un ICBM con combustibles criogénicos hasta 1964 (el R-9 o SS-8 Sasin), que sería de hecho el primero y último de este tipo: todos los demás ICBM usarían combustibles hipergólicos o sólidos.
Por lo tanto, se puede entender que Glushko prefiriese a Yangel o al niño mimado de Khruschov, Vladimir Chelomey. La oficina de este último (OKB-52) se encargaba, como no, de construir ICBMs (UR-100, UR-200, UR-500 o UR-100N), pero también empezó a desarrollar un programa espacial paralelo al de Korolyov, eso sí, usando combustibles hipergólicos. Korolyov necesitaba a Glushko para el cohete lunar N1, el competidor del Saturno V. Sin embargo, diseñar grandes motores criogénicos hubiera supuesto desviar muchos recursos de los motores hipergólicos que estaba construyendo Glushko en ese momento, además de derrochar toda su experiencia acumulada, así que no es de extrañar que viese con buenos ojos la cancelación del N1 a favor del UR-700 de Chelomey. Por último, pero no menos importante, el gobierno soviético no movió un dedo para solucionar este caos, en todo caso se dedicó a agravarlo con decisiones caprichosas, como aprobar a la vez dos programas lunares paralelos (L1 y L3) o no apoyar el programa de aterrizaje lunar hasta 1964, ya demasiado tarde. Sin fondos suficientes y con problemas de propulsión, el N1 estaba destinado al fracaso.
Mientras tanto, al trabajar en la NASA, von Braun podía concentrase en diseñar cohetes exclusivamente de uso civil, así que no tuvo ningún problema en decantarse por combustibles criogénicos para el Saturno V, además de contar con fondos ilimitados que hicieron posible la fabricación del poderoso y complejo motor F-1.
Lo cierto es que el estado de la tecnología soviética de la época hacía muy difícil que Glushko pudiese haber construido un motor equivalente al F-1 con combustibles criogénicos. No sería hasta los años 80 cuando la URSS pudo tener a su disposición los potentes RD-170 (y su variante RD-180 usado en cohetes americanos) y RD-0120 (el primer motor soviético de Lox/LH2, equivalente al SSME del transbordador).
Una última reflexión sobre este tema: ¿adivinan qué tipo de combustible usaban los primeros cohetes chinos o el Ariane europeo?
En definitiva, resulta injusto y maniqueo acusar a Glushko del fracaso del programa lunar soviético. También es injusto sugerir, como hace el documental, que el sucesor de Korolyov al frente de la OKB-1, Vasily Mishin, era un alcohólico incompetente que obstaculizó el programa lunar. Cierto es que Mishin no estaba a la altura de Korolyov (¿y quién lo estaba?), pero en todo caso la culpa la tuvo la cúpula soviética, incapaz de imponer un mínimo de orden en este asunto.
Lamentablemente, el documental no hace mención de Yangel ni de Chelomey, supongo que para mantener la trama fluida y con un mínimo de protagonistas. Y no todo es perfecto: los trajes espaciales que llevan los actores son totalmente pésimos (el de Gagarin parece sacado de un Todo a 1€) y hay unos cuantos errores (la Soyuz-1 que aparece en una secuencia es en realidad una moderna Soyuz-TM), pero pese a todo el resultado final es bastante exacto y entretenido, especialmente la primera parte.
Me quedo con esta frase que Korolyov espeta a Glushko en cierto momento del documental:
This is not about fuel, isn't it Valentin? This is about you and me.
Aquí pongo un trozo del último capítulo donde vemos los problemas del N1 y Kuznetsov (el sustituto de Glushko elegido por Korolyov para fabricar los motores del N1)(YouTube):
Actualización: curiosamente acabo de ver por casualidad el primer episodio de la serie en una cadena española y me he quedado sorprendido, pues han censurado bastantes escenas (?). Además, por motivos incomprensibles, han traducido al español varios diálogos que en la serie original aparecían en alemán y ruso. Peor aún, el doblaje es bastante malo, aunque esto es algo a lo que estamos acostumbrados en España en lo que respecta a documentales. En definitiva, si quieres ver la serie como Dios manda, cómprala en DVD.
Sunshine es una buena película de ciencia-ficción que te deja con un regusto contradictorio. Por un lado, el director (Danny Boyle) intenta alejarse conscientemente de los tópicos del género para crear una obra diferente y única. Por otro lado, contiene numerosas referencias a clásicos de la ciencia-ficción, bien como homenaje, bien para demostrar al espectador lo diferente que es esta película de otras anteriores...o simplemente para satisfacer los gustos de la mayor parte del público, pues al fin y al cabo se trata de una superproducción. Sin duda, las partes de terror y los pasillos oscuros evocan a Alien. De hecho, una de las primeras reuniones de la tripulación para comentar que han recibido una señal de otra nave parece sacada directamente del gran clásico, al igual que la cabina de mando central. Incluso el segundo al mando tiene al principio un aire a Dallas. Las visiones del Sol, la fotografía y ciertas escenas inquietantes nos recuerdan a Solaris. La atmósfera de misterio en general se parece también a Horizonte Final. La escena de la entrada en la esclusa sin traje espacial y ciertas conversaciones con el ordenador de a bordo son reminiscencias obvias de 2001. El eje de la trama, reactivar un Sol moribundo, es similar a la mediocre The Core. El resultado final es, sin embargo, lo suficientemente original para que se convierta desde ya en una referencia del género. Pese a todo, aunque la película empieza bastante bien, la última parte flojea un poco. El elemento terrorífico de última hora no me acabó de convencer, aunque entiendo que sea necesario para dar algo de emoción. La mezcla de locura, soledad y surrealismo que Danny Boyle imprime a todas sus películas es seguramente lo más sobresaliente de la obra.
Lo mejor: la fotografía y la música. Destacan especialmente las escenas de la superficie solar, algunas realmente impresionantes. Se nota la influencia de las imágenes del SOHO y el Yohkoh en su realización, sobre todo en los colores elegidos, pues se parecen a los usados para adornar las imágenes de estos satélites. El diseño de la nave, la Ícaro II (un nombre poco optimista para la misión, ¿no?), también es destacable, sobre todo el escudo solar. Muchas partes y módulos están claramente inspirados (cuando no copiados directamente) de la ISS y el interior del transbordador.
Lo peor: la juventud de la tripulación, ¿cómo es posible que el destino de la humanidad se deje en manos de jovencitos sin experiencia? Por otro lado, y como era de esperar, la peli contiene numerosos gazapos científicos, la mayoría más o menos pasables (se ve que no soy muy exigente, ¿eh?). La gravedad artificial es algo que estropea la película, pero es comprensible, pues me imagino que rodar en un avión de entrenamiento parabólico (a lo Apolo 13) debe ser algo muy caro. Tampoco se entiende muy bien que la tripulación se queje de la carencia de oxígeno cuando tienen un volumen presurizado equivalente a varios campos de fútbol. Sin embargo, hay partes que parecen exageradas pero que en realidad son correctas. Por ejemplo, la escena de la descompresión sin traje espacial no es ni mucho menos errónea, al contrario, como podemos leer aquí.