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Saturday, October 9, 2010

Escucha literatura mesopotámica

Una tarde de sábado es el momento ideal para relajarse y escuchar obras literarias de hace más de dos mil años. Sí, amigos, han leído bien: escuchar. Aunque el babilonio, el acadio y el asirio son lenguas más que muertas, Martin Worthington ha decidido poner a disposición del público varias grabaciones de la lectura de textos tan importantes como La Epopeya de Gilgamesh o el Enūma elîš. Todo un lujo, teniendo en cuenta que los lectores son asiriólogos de reconocido prestigio. No nos debe extrañar que la iniciativa parta de Worthington, pues al fin y al cabo, él es el autor de Complete Babylonian: Teach Yourself, una magnífica guía para el aprendizaje autodidacta del babilonio.

Pese al acento "extranjero" de muchos de los expertos, es una buena ocasión para recordar cómo sonaban estos antiguos idiomas semitas. A ver si un día se atreven con el sumerio o el elamita.

gilgameš ê tadâl      
balāṭam ša tusahharu lā tutta        
inūma ilū ibnû awīlūtam
mūtam iškunū ana awīlūtim        
balāṭam ina qātīšunu iṣṣabtū
 atta gilgameš lū mali karaška       
urrī u mūšī hitaddu atta      
ūmišam šukun hidûtam        
urrī u mūšī sūr u mēlil      
lū ubbubū ṣubātūka
qaqqadka lū mesi mê lū ramkāta
ṣubbi ṣehram ṣābitu qātīka
marhītum lihtaddâm ina sūnīka  
annama šī[mti awīlūtim]

Saturday, May 15, 2010

LexioPhiles: blogs para aprender idiomas

Aunque tengo la sección de idiomas de Eureka bastante abandonada, la retomo brevemente para hablar de la lista Top 100 Language Blogs de LexioPhiles. Como el nombre indica, podemos encontrar numerosos blogs dedicados a enseñar idiomas, escritos muchos de ellos por profesores con experiencia. Pero también podemos ver una gran cantidad de blogs escritos por gente que aprende lenguas extranjeras, algo que siempre es interesante.

La calidad del trabajo de muchos de ellos es altísima y sin duda son una herramienta fantástica para procrastinar un buen rato.

Saturday, December 26, 2009

Oel ngati kameie o ¿quieres aprender Na'vi?

Si otro día comentábamos por aquí el estreno de la película Avatar de James Cameron, hoy me gustaría hablar de un curioso fenómeno relacionado con el film. Me refiero al lenguaje de los Na'vi, esos "pitufotes" alienígenas de tres metros que habitan Pandora. Se lo crean o no, Cameron contrató a un lingüista profesional (Paul Frommer) con el objetivo de inventar una lengua "real" para los Na'vi, de modo que los extraterrestres azules no fueran menos que los Klingon de Star Trek.

Más de allá de ser una mera anécdota que hará las delicias de los fans de la película, el lenguaje ha cobrado vida propia y ya son miles las personas que desean aprender este curioso idioma. Aunque los detalles del lenguaje disponibles actualmente son relativamente pocos -sin duda a la espera de la publicación de los libros oficiales correspondientes (no olviden que al fin y al cabo esto es Hollywood)- ya se han creado páginas web dedicadas al aprendizaje del Na'vi. De entrada, el propio Frommer nos enseña las características principales del idioma en The Language Log y, por supuesto, ya tenemos una detallada entrada en la Wikipedia. Pero si se han quedado con ganas, no olviden pasarse por Learnnavi.org, una página no oficial donde encontraremos diverso material didáctico, incluido un foro para discutir nuestras dudas en el que participa mucha gente con tiempo libre y algún que otro trastorno mental.

Hasta la fecha se han creado miles de conlangs (lenguajes artificiales) y se seguirán creando en el futuro, pero creo que es la primera vez que asistimos al nacimiento "en directo" de uno con suficiente tirón popular y masa crítica para generar contenidos, corregir inconsistencias internas y evolucionar.

El lenguaje en sí, como sus hablantes nativos, no es especialmente diferente a los idiomas humanos. Una de las premisas básicas con las que jugó Cameron es que esta lengua pudiese ser pronunciada por los actores sin mayores problemas, así que, aunque original, no me parece en nada alienígena. La fonética es curiosa, pero muy similar a la de determinadas lenguas propias de indígenas americanos o de la Polinesia. El sistema de declinaciones recuerda al usado en las lenguas indeoeuropeas con toques de otros idiomas -como por ejemplo el euskera o georgiano (caso ergativo) o el japonés (uso de un caso similar a la partícula wa)- la conjugación verbal recuerda vagamente al turco, etc., etc. Habrá que ver si el apoyo popular a este lenguaje aguanta el paso del tiempo, pero en todo caso se trata de un fenómeno lingüístico muy interesante...y entretenido.

Pues eso, Eywa ayngahu.

(Gallifante para el primero que me deje un comentario en Na'vi)


Resumen del idioma Na'vi (Quentin Martinez/learnnavi.org).

Sunday, June 14, 2009

Libro: A Dictionary of Advanced Japanese Grammar

Conocido a estas alturas por todos los estudiantes de japonés del mundo, A Dictionary of Advanced Japanese Grammar, de Seiichi Makino y Michio Tsutsui (Japan Times 2008), es el libro indispensable para progresar hacia los niveles avanzados del idioma. Sigue la misma estructura del famoso Intermediate Grammar, publicado en 1995. Teniendo en cuenta que A Dictionary of Basic Grammar apareció en 1986, hablamos de una serie con más de 20 años de desarrollo a sus espaldas. Y, al igual que sus compañeros, este diccionario gramatical destaca por su elevado número de páginas y la riqueza de sus contenidos. Sé que el adjetivo "imprescindible" se suele otorgar con mucha facilidad a libros que no son tales, pero en este caso está más que merecido.

Wednesday, May 13, 2009

Many Eyes

Many Eyes es un proyecto de IBM para visualizar de forma muy original diferentes conjuntos de datos. En el caso del número de hablantes de un idioma, obtenemos el siguiente gráfico interactivo:



Por supuesto, el mandarín ocupa la mayor superficie del gráfico.

(vía Sinosplice)

Sunday, March 29, 2009

Libro: The Power of Babel

Libros de divulgación sobre el cambio lingüístico hay muchos, pero no había leído ninguno tan completo, ameno e interesante como The Power of Babel: a Natural History of Language, de John McWhorter. El autor insiste en el concepto clave de "dialecto" en el transcurso de los primeros capítulos y cómo podemos considerar que cualquier idioma no es más que un conjunto de innumerables dialectos. McWhorter pasa después a explicar las causas del cambio lingüístico, haciendo especial hincapié en el cambio fonético. Quizás no alcanza en este punto el nivel de The Unfolding of Language, pero no por ello el tratamiento es menos interesante. Los numerosísimos ejemplos en múltiples idiomas, tanto comunes como "exóticos", enriquecen sobremanera la obra y son una de sus mejores bazas.

Pero es la franqueza del autor es lo más refrescante e interesante del libro: a diferencia de otros lingüistas, McWhorter no tiene pelos en la lengua y expresa su opinión personal de forma directa. Por ejemplo, con respecto al escabroso tema de la simplificación gramatical de las lenguas, es meridianamente claro: la mayoría de idiomas no han parado de simplificarse gramaticalmente en los últimos siglos y no se trata de un fenómeno subjetivo o relativo, sino completamente absoluto, y pone la evolución de las lenguas criollas y pidgin como ejemplo. McWhorter adelanta en este punto la hipótesis de que los hablantes no nativos de las lenguas son aquellos quienes más han contribuido al cambio lingüístico, hipótesis quizás un tanto extrema. Otra teoría muy interesante es la que sugiere que el orden SVO es el que los seres humanos tenemos "por defecto" grabado en el cerebro, pese a que existen lenguas con todas las combinaciones posibles. Esta afirmación se basa en que SVO es el orden que desarrollan las lenguas pidgin y criollas, independientemente del orden de los idiomas "padres". Por otro lado, critica ferozmente las teorías del protolenguaje de Ruhlen y Greenberg, aduciendo que la elevada tasa de cambio lingüístico hace imposible la reconstrucción de cualquier idioma hablado hace más de 5000 años.

Si no has leído ningún libro sobre la evolución de los idiomas o sobre el cambio lingüístico, ésta es la mejor obra para empezar.

Sunday, March 8, 2009

Libro: The Journey of Man

Spencer Wells es un genetista y antropólogo británico que en los últimos años ha estado a cargo del Proyecto Genográfico de la National Geographic Society. Esta interesante iniciativa intenta ni más ni menos que desvelar los orígenes de la Humanidad. Con The Journey of Man: A Genetic Odyssey (Random House, 2004), Wells resume de manera directa y amena en una obra de apenas 200 páginas los progresos en este campo como sólo alguien versado en el tema de primera mano es capaz de hacer. La primera parte del libro es una introducción a los marcadores genéticos usados para datar la edad de las poblaciones humanas y sus migraciones por el globo: el ADN mitocondrial -para seguir el rastro de los linajes maternos- y los marcadores del cromosoma Y -para los linajes paternos-. En estos capítulos el lector aprende que todos los seres humanos modernos son descendientes por vía materna de un pequeño grupo de Homo Sapiens Sapiens que vivieron en África hace unos 150 000 años, algo que ya sabemos desde hace casi veinte años. Más reciente, y curioso, es el descubrimiento de que nuestro ancestro común masculino vivió en África hace tan sólo 50 000 años. Es decir, hombres y mujeres se han dispersado por el planeta de forma distinta.

Los siguientes capítulos están dedicados a desentrañar la madeja de marcadores genéticos para poder ofrecer una visión de cómo colonizamos la Tierra. Cierto es que algunos pasajes se pueden hacer un tanto aburridos o complejos debido a la abundancia de marcadores genéticos mencionados por el autor, pero quedan compensados con las anécdotas sobre viajes de campo que salpican el texto.

La relación entre idiomas y genes ocupa un lugar destacado dentro del libro. En los últimos años, las teorías sobre las familias de lenguas y su expansión han sido objeto de debate entre antropólogos, arqueólogos y lingüistas. Los mapas genéticos han confirmado que, efectivamente, a veces los idiomas se han extendido gracias a las migraciones de poblaciones enteras (lenguas Na-Dené, Austranesias o las lenguas indoeuropeas en el subcontinente indio, por ejemplo), tal y como han propuesto los lingüistas Merritt Ruhlen o Joseph Greenberg, entre otros. Sin embargo, en otros muchos casos no hay constancia de que la expansión de una familia de lenguas vaya acompañada de movimientos migratorios masivos, pues al fin y al cabo los idiomas no tienen genes. Esto ha ocurrido en el caso de la primera expansión de las lenguas indoeuropeas en el actual Irán o con la familia esquimo-aleutiana, por citar un par de ejemplos.

Si una vez leído el libro te interesa participar en el Proyecto Genográfico, National Geographic vende un kit de análisis genético por unos 100 €. No tienes más que enviar tus muestras genéticas obtenidas por raspado bucal y en unas semanas podrás disfrutar de tus árbol genealógico-genético online. Puedes elegir entre un análisis del ADN mitocondrial o del cromosoma Y (este último caso, obviamente, sólo si eres hombre).

Estoy pensando participar a ver qué sale. En ese caso ya pondría los resultados por aquí.

Y como bonus, vale la pena ver este vídeo con Spencer Wells y los bosquimanos del Kalahari. Cualquier excusa es buena para escuchar un idioma con clcks.

Sunday, February 8, 2009

Libro: "Chinese: A Linguistic Introduction"

No tengo por costumbre comentar libros de texto de ninguna materia (no me pregunten por qué), pero hoy haré una excepción con Chinese: a Linguistic Introduction, de Chaofen Sun (Cambridge University Press, 2006). A diferencia de la mayoría de gramáticas o cursos de mandarín, este libro nos presenta una visión global del idioma chino, incidiendo en los aspectos culturales e históricos. Especialmente destacables son las partes dedicadas al origen de la escritura china y a la influencia de la cultura en la lengua.

Probablemente el libro decepcione a aquellos que vayan buscando una gramática de referencia o una obra sobre la historia del idioma, ya que el autor toca todos estos temas sin profundizar demasiado en ninguno de ellos. Sin embargo, es precisamente esta visión general la que convierte esta obra en una referencia para todos aquellos interesados en el Hànyǔ.

Tuesday, September 9, 2008

Libro: El nacionalismo lingüístico

En su momento me gustó mucho La dignidad e igualdad de las lenguas (Alianza, 2000), de Juan Carlos Moreno Cabrera. Me gustó tanto que soy de la opinión que debería ser lectura obligatoria en todos los institutos y colegios de este país, que tan dado es a rasgarse las vestiduras cuando se discute sobre temas lingüísticos. Es por eso que decidí comprarme su última obra, El nacionalismo lingüístico (Editorial Península, 2008). Como puede uno suponer por el título, se trata de una obra con un contenido mucho más politizado que la anterior. En este caso, el nacionalismo al que se refiere Moreno es esencialmente el español. Aunque algunas críticas pueden extenderse sin esfuerzo a otros nacionalismos, el autor centra sus ataques en la política lingüística del estado español y denuncia su injustificado victimismo.

Algunos párrafos de este libro resultarán ciertamente muy provocadores para la mayoría de sus lectores, lo que hace de su lectura un sano ejercicio intelectual. Aunque no se esté de acuerdo con todos sus planteamientos, lo cierto es que se trata de un libro muy estimulante que no me ha decepcionado en absoluto.

Como botón de muestra, veamos el siguiente fragmento:

Es decir, cuando se habla en defensa de la unidad de la lengua se está pensando en realidad en preservar la continuidad de la base castellana de la lengua estándar, más que evitar que la lengua varíe de una zona a otra. Esta variación, lo saben muy bien los académicos e investigadores, es imposible de controlar, menos aún de detener; lo que sí se puede mantener de forma planificada y ejerciendo una autoridad nacional e internacional, es el predominio y prestigio de la variedad castellana en la que se basa la lengua estándar escrita. Sin embargo no se puede hacer explícita esta intención, dado que, entonces, surgirían y se impulsarían innumerables recelos al respecto en todas las zonas hispanohablantes distintas de Castilla. La manera de defender este objetivo oculto sin confesarlo es afirmar que cualquier desviación de la norma estándar basada en el dialecto castellano, atenta contra la unidad de la lengua española.




Monday, February 25, 2008

Libro: The Origin of the Language

The Origin of the Language (Merritt Ruhlen, 1996) es ya todo un clásico sobre la evolución de los idiomas. A mediados de los años 90 y de la mano de lingüistas como Ruhlen o Greenberg tomó fuerza la hipótesis que relacionaba los distintos idiomas del mundo en grandes superfamilias. Aunque la existencia de estas familias es todavía objeto de debate, lo cierto es que hoy en día pocos dudan de su existencia, al menos en líneas generales. La revolución genética que nos ha permitido conocer los flujos migratorios del homo sapiens parece confirmar a grandes rasgos la existencia de estas superfamilias.

Aunque un tanto desfasado, especialmente en lo relativo a los estudios genéticos, esta obra es una magnífica introducción que acerca al lector al funcionamiento de la lingüística moderna. Ruhlen permite que sea el lector el que saque conclusiones acerca de la relación entre las distintas familias usando varios "juegos" a lo largo del libro, lo que dinamiza enormemente la obra. La parte más controvertida es la relacionada con la "protolengua", de la que supuestamente derivarían todos los idiomas del mundo. Las evidencias de que esta lengua alguna vez existiese, y en el caso de hacerlo de que pueda reconstruirse de alguna forma, son ciertamente muy endebles, pero se trata sin duda de un tema fascinante.


Wednesday, February 6, 2008

Libro: Oxford Russian Grammar and Verbs

Las gramáticas de Oxford son una serie de libros muy concisos que pueden servir como referencia para estudiantes de nivel intermedio o como repaso para aquellos con un nivel más avanzado. Oxford Russian Grammar and Verbs (Terence Wade, 2002) no decepciona y en sus 250 páginas podemos encontrar un resumen de los elementos más importantes de la gramática rusa. Cierto es que debido a su pequeño tamaño algunos puntos no se tocan con la profundidad que me hubiese gustado: aunque las conjugaciones irregulares de los verbos reciben mucha atención, algo que se agradece, echo de menos una lista más exhaustiva de parejas de verbos imperfectivos y perfectivos. Por lo demás, se trata de un magnífico ejemplo de cómo debe ser un libro de gramática.

Saturday, January 12, 2008

Libro: A Dictionary of Intermediate Japanese Grammar

Encontrar buenos libros para el estudio del idioma japonés intermedio-avanzado que no estén escritos en japonés es toda una odisea. A Dictionary of Intermediate Japanese Grammar es una herramienta genial para resolver las (numerosas) dudas que le asaltan a uno cada vez que estudia este enrevesado idioma. Como su título nos indica, las entradas están agrupadas en forma de diccionario, lo cual facilita la búsqueda del punto gramatical que queramos estudiar. Para cada entrada no sólo tenemos una explicación detallada, sino también numerosos ejemplos y, lo más importante, comparaciones de su uso con otras expresiones similares (en caso de haberlas). Se trata de una obra de casi 800 páginas y que sin embargo se puede considerar como "libro de bolsillo" debido a su pequeño tamaño. El nivel es aproximadamente similar al 2 del Nōken, aunque también aborda ciertos puntos del nivel 1.

Para aquellos que estén empezando en el estudio del idioma hay una primera parte, A Dictionary of Basic Japanese Grammar, igual de recomendable. A un nivel más básico, también está Oxford Japanese Grammar and Verbs.




PD: muchas gracias a Jesús por recomendarme este libro.

Wednesday, December 12, 2007

JSesh


JSesh es un magnífico editor de textos para jeroglíficos egipcios. Su funcionamiento es similar al de otros editores de lenguas asiáticas: introduces el texto usando el alfabeto latino y luego seleccionas el caracter que más te conviene de una lista. Naturalmente, también puedes introducir cada jeroglífico directamente a partir de un menú desplegable o usando su código de Gardiner. Puedes agrupar los jeroglíficos en vertical o en horizontal, rotarlos, cambiar su tamaño, cambiar la dirección del texto, crear cartuchos para los nombres, etc. No se puede imprimir el texto directamente, pero podemos exportarlo en formato pdf o bmp.

Hay otros editores similares y quizás hasta mejores, pero este es gratuito, así que aunque tiene algunos bugs, ya se lo están descargando.

Sin duda una gran herramienta para los aficionados a la egiptología, curiosos, o simplemente, para aquellos que están un poco mal de la cabeza.



Si quieres sacarle provecho al asunto, pero no sabes ni papa de egipcio antiguo, me permito recomendar un par de obras para introducirse en este apasionante mundo:

Saturday, October 6, 2007

Mango

Además de una fruta, Mango es una página que permite aprender varios idiomas online. Aquellos que hablen inglés pueden practicar japonés, chino mandarín, portugués, alemán, italiano, griego, ruso, francés y español. También hay dos cursos de inglés para polacos (!?) e hispanohablantes.

No se trata de cursos muy completos, como es usual en este tipo de aplicaciones web, pero sí que están muy bien para practicar y pasar un buen rato.

Wednesday, September 19, 2007

Mitos Lingüísticos 6: el alfabeto

Uno de los mitos más persistentes en la cultura popular tiene que ver con el nacimiento de la escritura. La historia simplificada es la que sigue: los egipcios y sumerios inventaron la escritura, pero los pobres, carentes de la capacidad de pensamiento crítico occidental, sólo pudieron crear complicados ideogramas. Posteriormente, los engorrosos sistemas de escritura originales fueron simplificados hasta llegar al alfabeto griego, la cumbre de la creación lingüística por excelencia. Naturalmente, el hecho de que nuestra cultura se sienta heredera de la tradición grecolatina quizás haya empañado un poquito nuestro juicio y haya ayudado a extender esta concepción de la escritura tan simplista. Empecemos por el mito más simple referente al alfabeto:

Los griegos mejoraron el alfabeto fenicio insertando vocales.

Es cierto, pero, ¿nadie se pregunta por qué el alfabeto fenicio no tenía vocales? ¿Acaso eran idiotas estos fenicios?. La razón es muy simple: el fenicio era una lengua semita, por lo que la representación de vocales no era un asunto vital para ellos, del mismo modo que nosotros no representamos en el alfabeto latino los ritmos y tonos de la oración, pues no son considerados importantes a la hora de comprender un texto. Sin embargo, si queremos escribir en chino usando el alfabeto latino, deberemos representar los tonos (pinyin), ya que si no el texto sería ininteligible. Los griegos añadieron vocales al alfabeto fenicio porque éstas son fundamentales en los idiomas indoeuropeos, así que sería mejor decir que los griegos adaptaron el alfabeto fenicio a su lengua, no que lo mejoraron, ya que el alfabeto fenicio cumplía el papel para el que fue creado de forma impecable: transmitir la lengua fenicia. Trasladar los prejuicios de las lenguas maternas a otras es un grave error muy frecuente. Podemos pensar que los japoneses tienen un sistema de escritura deficiente porque no pueden diferenciar la "r" de la "l". Naturalmente, para los japoneses esto no supone ningún problema porque en su idioma ambos sonidos son alófonos, es decir, representan una variación en la pronunciación de la misma letra. Por el contrario, los árabes podrían pensar que el alfabeto latino es claramente un sistema terrible, pues carece de símbolos para representar el ʿayn o los distintos fonemas que para los españoles son alófonos de la "j". Veamos otro mito:

Los sistemas de escritura empezaron siendo pictográficos, luego ideográficos y por último sólo fonéticos.

El problema de esta afirmación es que parece transmitir una idea de progreso lineal, desde los toscos e infantiles pictogramas hasta los modernos sistemas fonéticos. Sin embargo, los cuatro sistemas de escritura originales, aquellos que surgieron en China, Sumer, América Central y Egipto, no eran solamente pictográficos e ideográficos, sino que incluían numerosísimos elementos fonéticos que fueron cobrando mayor importancia a lo largo del tiempo. Nunca han existido sistemas de escritura puramente pictográficos o ideográficos, sino que desde el primer momento fueron logofonográficos (representando ideas y sonidos). Además, pese a lo que la creencia popular nos puede hacer creer, estos sistemas no se simplificaron con el tiempo, sino todo lo contrario. El egipcio antiguo constaba de unos 700 ideogramas en el Imperio Medio, una cifra bastante baja si la comparamos con los 3000 caracteres básicos que son necesarios, como mínimo, para escribir en chino moderno. Sin embargo, en el Imperio Nuevo la cifra aumentó hasta más de seis mil, aunque la mayoría apenas se usaba. Lo mismo pasó con el sumerio (aunque al desaparecer muy tempranamente tuvo poco tiempo para desarrollarse), el maya o el chino. Los sistemas logofonográficos nunca se "simplificaron" a lo largo de su historia, sino que nunca pararon de incorporar nuevos caracteres.



Entonces, ¿cómo surgió el alfabeto?. Los pueblos que rodeaban las zonas donde se inventó la escritura no tardaron en adaptar estos sistemas para representar sus lenguas. El problema es que los sistemas originales no habían sido concebidos para representar la fonética y gramática de los nuevos usuarios. Como resultado, fue inevitable un proceso de transformación en la que el elemento fonético primó sobre el logográfico. Hay dos ejemplo claros de esta transformación: el japonés y el acadio. Los acadios hablaban una lengua semita radicalmente diferente del sumerio, así que no les quedó más remedio que adaptar los ideogramas sumerios. Como resultado, la mayor parte de caracteres pasaron a representar sonidos y, como la unidad fonética básica en sumerio era la sílaba (al igual que en la mayoría de lenguas), crearon una mezcla de escritura silabográfica (cada carácter representa uno o varios sonidos silábicos) con ideogramas. Los japoneses hicieron lo mismo con el chino, creando también silabarios (kanas) basados en la escritura china, a la vez que seguían usando los caracteres como tales (kanjis). Como vemos, estas culturas, lejos de "simplificar" los sistemas de escritura originales, los complicaron aún más añadiendo caracteres fonéticos extras y aumentando el número de posibles lecturas para cada ideograma. ¿Por qué tanto japoneses como acadios no continuaron con el proceso y crearon un sistema puramente fonético? La razón es de tipo cultural. La cultura de donde provenían los sistemas de escritura (Sumer en el caso de los acadios, China para los japoneses) gozaba de un prestigio tan apabullante en todos los aspectos que renunciar a los ideogramas originales se hubiese considerado una muestra de barbarismo. Quizás pensemos que la postura de acadios y japoneses es un tanto estúpida, al rechazar los supuestos beneficios de un sistema de escritura más práctico como es el silabográfico. Sin embargo, recordemos que en español moderno seguimos usando los símbolos "b" y "v" para representar un mismo sonido. Una reforma que eliminase una de las dos letras levantaría todo tipo de protestas sobre la erradicación de la herencia cultural de nuestra civilización, como de hecho ha sido el caso. Y si en este caso sólo estamos hablando de un par de letras, podemos imaginar lo que significaría renunciar a miles de ideogramas que representan todo un conjunto de valores culturales, históricos y religiosos. Uno de los pocos casos donde ha ocurrido este fenómeno es en Corea del Sur, donde el hangul (sistema fonético) ha reemplazado a los ideogramas chinos casi en su totalidad.

El caso es que pronto aparecieron sistemas casi totalmente fonéticos, normalmente por parte de culturas que no tenían un contacto directo con las civilizaciones que habían creado la escritura o lo adaptaron de otras que ya habían iniciado un proceso de transformación. Un ejemplo claro es el silabario cuneiforme persa, un sistema puramente fonético (o casi, pues también había unos pocos ideogramas) tomado de los babilonios y asirios, que como hemos visto ya habían adaptado a su lengua el sistema de escritura original sumerio. Otro ejemplo es el Lineal B, usado para representar la lengua griega en época micénica, aunque también incorporaba varias decenas de ideogramas. Es tentador especular qué hubiese sido del Lineal B si la civilización micénica no se hubiese colapsado. Probablemente hubiese aumentado el número de logogramas hasta alcanzar varios miles.



Cuando miramos la evolución de los sistemas de escritura salta a la vista que en casi todos los casos la evolución hacia un sistema fonético la han llevado a cabo culturas que han adaptado los sistemas de escritura logofonográficos originales. En concreto, es destacable que salvo una excepción, todos los sistemas fonográficos ideados por el hombre han sido de naturaleza silabográfica, es decir, han consistido en la creación de silabarios, en los cuales la mayor parte de los símbolos representan una sílaba, aunque a veces también vocales o algunas consonantes aisladas. Esa excepción es naturalmente el alfabeto (o abyad) fenicio y sus parientes de la zona usados para representar lenguas semitas. La razón por la que los fenicios y sus parientes adoptaron la revolucionaria costumbre de usar símbolos para representar no sílabas, sino fonemas aislados (consonantes) es naturalmente que, como ya hemos comentado, para las lenguas semitas las vocales no son importantes. Sin embargo el paso fundamental ya lo habían dado los egipcios, los cuales habían creado un sistema logofonográfico en el que muchos símbolos representaban solamente consonantes (el "alfabeto egipcio"). Actualmente se discute si los los fenicios crearon su sistema de escritura basándose en otros alfabetos previos, inspirados por la escritura egipcia o la sumerio-acadia, pero lo que está claro es que debemos el invento del alfabeto al hecho de que en Oriente Medio las lenguas semitas fueran predominantes. Más específicamente a que los fenicios hablasen una lengua semita. De no haber sido así, hoy en día usaríamos probablemente silabarios basados en el sistema cuneiforme o parecidos al Lineal B. Esto es así porque la sílaba es la unidad fonética fundamental en casi cualquier lengua no semita. Hagamos la prueba con cualquier niño de pocos años: no tendrán problema en descomponer la palabra "pelota" en pe-lo-ta, pero les costará horrores entender que la "p" con la "e" es "pe". Pero no hace falta recurrir a experimentos con niños, pues la historia nos aporta un ejemplo clarísimo: el silabario Cherokee, creado en el siglo XIX por el indio Sequoyah, el cual quería dotar de un sistema de escritura a su pueblo. Sequoyah no recibió una educación formal en inglés, pero al entrar en contacto con los colonos de la zona pudo conocer la existencia de la escritura. Aunque aparentemente no aprendió a leer en inglés, comprendió los fundamentos del sistema. Sin embargo, cuando creó un sistema de escritura propio basado en el alfabeto latino, concibió un silabario, al ser ésta una opción más natural y pese al hecho de haber estado expuesto al concepto "superior" del alfabeto.

La ventaja del alfabeto reside en el poco número de símbolos necesarios para escribir: unas pocas decenas frente a los miles de un sistema logofonográfico. Sin embargo, aquí nos encontramos con otro mito:

La escritura en el antiguo Egipto y China era tan complicada porque estaba en manos de una élite (escribas y funcionarios) a la que le interesaba que fuera lo más difícil posible para mantener sus privilegios. El alfabeto democratizó la escritura y la hizo accesible a todos.

Semejante tontería se repite una y otra vez en miles de libros de texto. Nadie duda que aprenderse mil símbolos para escribir es más complicado que memorizar sólo veinte o treinta. Nadie duda tampoco que los escribas egipcios quisiesen mantener sus privilegios, pero ¿cómo es que el nivel de analfabetismo en Europa hasta la Revolución Industrial era similar a la de otras regiones del mundo con sistemas de escritura más complicados? ¿Cómo es que hasta hace pocos siglos sólo un pequeño porcentaje de la población europea sabía escribir? Nuestros hijos tardan muchos años en aprender a escribir y leer correctamente pese a las bondades del alfabeto. De hecho, aunque hay cierta contradicción según que fuente, el analfabetismo en China es muy bajo, y en el caso de Japón inferior a la media de países europeos. Naturalmente que los niños chinos o japoneses no conocen todos los ideogramas, pero hay que entender que el concepto de comprensión escrita es diferente para ellos: un niño chino o japonés aprende en ocasiones una palabra a la vez que aprende cómo se escribe. Por ejemplo, un niño de diez años español podrá leer un texto sobre mecánica cuántica sin problemas, a diferencia de su contrapartida japonesa, pero de poco le servirá al no entender lo que significan muchas palabras.

Los sistemas logográficos son por tanto más complicados, sin duda, pero está por demostrar que sean menos "prácticos". Hasta la llegada de los ordenadores personales modernos es cierto que estos sistemas estaban en clara desventaja a la hora de publicar libros, pues una imprenta china es más engorrosa que otra que use los tipos de un alfabeto. Pero hoy en día las nuevas tecnologías permiten publicar documentos con ideogramas con la misma facilidad que usando un alfabeto. Por último, lo que no está en absoluto demostrado es la ventaja de los alfabetos frente a los silabarios. En este caso la diferencia en el número de símbolos no es lo suficientemente grande para ofrecer una ventaja "práctica" clara. De hecho, ciertos estudios (1 ó 2) sugieren que es más fácil aprender a leer usando silabarios.

Saturday, September 8, 2007

¿Qué es una lengua?

Me gusta esta definición:

A language is not just a body of vocabulary or a set of grammatical rules; a language is a flash of the human spirit; it’s a vehicle through which the soul of each particular culture comes into the material world. Every language is an old growth forest of the mind, a watershed of thought, an ecosystem of spiritual possibilities.


Lamentablemente, no es mía, sino de Wade Davis.

(Vía Wordsummit)

Saturday, September 1, 2007

Libro: Easy Arabic Grammar

El problema de la enseñanza del árabe es que en realidad no existe un idioma único. Los distintos "dialectos" que se hablan en el mundo árabe son tan distintos entre sí como las diferentes lenguas romances. Así, el "árabe moderno estándar " es una mezcla de árabe clásico (el del Corán) con elementos del árabe moderno. Easy Arabic Grammar es un fantástico libro para iniciarse en el conocimiento de esta lengua. Lo de easy viene por la magnífica presentación del libro, no por la gramática de este idioma, una de las más complejas que he visto (especialmente en lo relativo a su sistema verbal y formación de plurales). He ojeado alguna que otra gramática árabe, pero la mayoría se basan en el árabe clásico y te introducen el sistema de declinaciones, desaparecido hace tiempo de la lengua hablada. Esta gramática también presenta las declinaciones, pero deja claro desde el principio que se trata de un registro formal y lo trata en cada capítulo en una sección diferente, para no confundir al alumno.

Es el primer libro de McGraw-Hill sobre gramática que me compro, pero me da que no será el último.

Sunday, August 26, 2007

Blog: Paleoglot

Paleoglot es un interesante blog creado por Allen Gordon sobre lenguas muertas, centrado especialmente en el proto-indoeuropeo. En él podemos encontrar joyitas como esta, la reconstrucción de la pronunciación del nombre de varias deidades egipcias:



O esta lista de vocabulario etrusco.

Wednesday, August 22, 2007

Libro: Empires of the Word

Empires of the Word: A Language History of the World (Nicholas Ostler, 2005) me ha dejado con un regusto contradictorio. Tenemos por un lado una gran obra que intenta resumir en poco más de quinientas páginas cómo se han extendido por el mundo los principales idiomas hablados en la actualidad, tarea hercúlea donde las haya que sólo por su ambición merece ser elogiada. De hecho, nunca antes había leído un libro que intentase ofrecer una visión global de la historia de la difusión lingüística, ya que la mayoría de obras se nos hablan de la historia de la escritura o de la evolución de un determinado idioma o familia de lenguas, pero nunca se atreven a ir más allá. Por otro lado, está claro que en el tratamiento de un tema tan denso y complejo es imprescindible llegar a ciertos compromisos si no queremos que el libro se nos vaya de las manos. Algunos de esos compromisos son justificables: Ostler apenas hace mención a la historia de la escritura, aunque es el eje principal del libro, lo cual se puede entender, pues ya existen miles de obras en el mercado dedicadas a tal fin. Tampoco se pueden reprochar al autor los escasos detalles lingüísticos que aparecen sobre cada idioma, ya que está claro que el objetivo de la obra es presentar una visión de conjunto y no pretende ser una enciclopedia de las lenguas del mundo. Dada la nacionalidad del autor, también se entiende que el libro se explaye en el tratamiento dado al idioma inglés.

Otros puntos característicos de la obra no son tan justificables y son los causantes de que no me haya satisfecho del todo. Primero, la subjetividad del autor se hace a veces insoportable. Es normal que todos tengamos prejuicios, pero al elaborar una obra de estas características lo menos que se puede pedir es cierto distanciamiento "profesional". Efectivamente y por motivos que se me escapan, Ostler parece sentir un cariño especial por el portugués, el holandés, el sánscrito, el chino o (naturalmente) el inglés, frente al tratamiento un tanto despreciativo, cuando no abiertamente hostil, del árabe, el ruso, el español o el francés.

Esto es especialmente llamativo si comparamos los capítulos dedicados a la expansión del español y del inglés en América. Ostler no se puede resistir a la tradicional representación anglosajona de la historia de la conquista del nuevo mundo en la que los conquistadores españoles son unos diablos asesinos y genocidas que se dedican a exterminar bucólicos imperios indígenas a diestro y siniestro. Nada que objetar si no fuera porque unas cuantas páginas más adelante se nos presenta la expansión del inglés por los EE.UU. como un proceso de lo más natural, como si los nativos americanos se hubiesen reunido un día y hubiesen decidido en asamblea que lo mejor era adoptar el idioma del hombre blanco y cederles todas sus tierras sin protestar. Ostler hace mención a las "Guerras Indias", término eufemístico, imperialista y racista donde los haya inventado por los blancos de EE.UU. para lavar sus conciencias. El término "guerra" implica la existencia de al menos dos bandos enfrentados en cierta igualdad de condiciones (igualdad real o imaginaria), algo que difícilmente podemos aplicar a los enfrentamientos entre el ejército americano y los nativos americanos durante el siglo XIX. Eso sí, los españoles son malos malísimos (¿por qué no se habla entonces de "Guerras Aztecas" o "Guerras Incas"?) y los rusos son aún peor, aunque la expansión hacia el este del imperio del zar guarda cierta similitud con la conquista del oeste americana, con la diferencia eso sí de que el Imperio Ruso no se dedicó a eliminar sistemáticamente todas las tribus indígenas de Siberia (otra cosa es que le hubiese gustado hacerlo).

Este tratamiento "light" de la expansión del inglés roza la desfachatez cuando el autor se dedica a alabar las políticas de respeto hacia las minorías indígenas de los EE.UU. y cómo ciertas tribus incluso han aumentado el número de hablantes gracias a la bondad de la raza WASP. Desgraciadamente para Ostler, las cifras reales de hablantes valen más que mil palabras: el navajo, lengua que el autor pone como ejemplo de las benignas políticas indígenas de los EE.UU., cuenta hoy en día con unos 180.000 hablantes, número que podemos comparar con los 1,7 millones de hablantes del nahuatl, los 800.000 del maya yucateco, los 7 millones del guaraní o los 10 millones del quechua. Y eso que los españoles eran unos genocidas con cuernos y rabo, que si no...

Por otro lado, en su afán por hacerse enemigos, el autor machaca a gusto la importancia actual del inglés americano frente al británico, opinión bastante injustificada que merece todo mi respeto, aunque sea sólo por el valor de esgrimir un punto de vista que le puede enemistar con la mayoría de sus potenciales lectores.

Digresiones políticas al margen, otro punto que decepciona es la incapacidad del autor para sacar conclusiones. Es cierto que es un tema complejo, pero limitarse a decir tras quinientas páginas que "los idiomas más hablados son aquellos con más hablantes" es una perogrullada que ciertamente baja el nivel de la obra. Para ser justos, Ostler analiza con profusión los mecanismos de difusión lingüística, pero no se atreve o no quiere alcanzar una conclusión.

Podríamos resumir que los factores para la expansión de una lengua son los siguientes:
  1. Número de hablantes y emigrantes/colonos: factor decisivo y aparentemente obvio, pero que implica la existencia de un estado u organización que garantice a sus hablantes alimentos, estabilidad o, llegado el caso, medios para emigrar a otras tierras.
  2. Conquista militar: un factor popular que no vale de nada sin el anterior. Los diversos pueblos germánicos que se repartieron el Imperio Romano de Occidente fueron incapaces de imponer sus lenguas pese a conquistar su territorio. Naturalmente, en la actualidad los medios de destrucción modernos sí que pueden traer consigo la erradicación de una lengua por conquista militar. Un ejemplo es el exterminio de la mayoría de la población judía durante la II Guerra Mundial, que tuvo como consecuencia la práctica desaparición del yiddish en Europa. Otro ejemplo menos dramático es la casi total erradicación de las lenguas de los nativos americanos en los EE.UU.
  3. Prestigio cultural/religioso/tecnológico: el prestigio real o percibido de ciertas lenguas facilita sin duda su extensión o al menos su supervivencia, como fue el caso del sumerio en el segundo milenio a.C. o el francés en la Europa de los siglos XVIII y XIX. La religión también puede ser un factor decisivo, como es el caso del árabe, el latín medieval o, especialmente, el hebreo, lengua muerta que fue resucitada como idioma oficial del estado de Israel en los años 40.
  4. Existencia de otras lenguas "poderosas" en la zona: un idioma tendrá mucha más dificultades en extenderse por zonas donde ya se habla otra lengua franca o con prestigio. Un ejemplo es el fracaso de la expansión del latín en el Imperio Romano de Oriente, donde ya se usaban el griego, el arameo y el persa como lenguas de uso comercial, religioso y político.
  5. Tiempo de cohabitación: para que los hablantes de un idioma decidan de forma más o menos voluntaria renunciar a su idioma es necesario un cierto periodo de contacto entre la cultura "dominante" y la "subyugada". Un ejemplo es el español en América: hasta el siglo XIX el número de hablantes de esta lengua no llegó a ser mayoritario.
Estos factores ayudan a explicar ciertas contradicciones aparentes en la historia de los idiomas. Por ejemplo, Holanda creó un imperio mundial mediante la consabida mezcla de conquista militar y el establecimiento de rutas comerciales, pero el holandés sólo logró implantarse fuera de su país natal en Sudáfrica, no por casualidad el único lugar del imperio que experimentó una fuerte afluencia de colonos holandeses. Un caso similar es el portugués, que sólo logró implantarse de forma masiva en Brasil, gracias a la combinación de colonos portugueses y la extensa duración del dominio portugués sobre esa región del mundo.

Naturalmente, en la mayoría de casos los idiomas más hablados del mundo se han extendido mediante una combinación de estrategias. El latín en Occidente llegó a hombros de las legiones, pero sin el prestigio cultural que esta lengua poseía y los siglos que duró el Imperio Romano hubiese sido imposible que todo el oeste de Europa renunciase a sus lenguas vernáculas en favor del latín. Sin embargo por lo general el aspecto clave es el número de hablantes de la lengua en expansión, ya que si éste es suficientemente grande no importa que entre en contacto con otras lenguas de mayor prestigio. Como ejemplos tenemos a los pueblos turcos, que pese a abrazar las culturas árabe y persa, jamás renunciaron a su idioma, gracias a que sus conquistas no eran debidas únicamente a la expansión de una élite militar, sino que iban acompañadas de colonizaciones y traslados de población en masa. A la inversa, si la cultura subyugada goza de un gran número de hablantes y mucho prestigio, puede llegar a ser impermeable a las invasiones militares, como es el caso de China bajo el dominio mongol o manchú: pese a las leyes promulgadas para defender la identidad cultural y lingüística de los conquistadores (que siempre fueron una minoría ante la inmensa población del imperio asiático), ambas dinastías acabaron asimiladas por la cultura china en pocas generaciones.

Sin embargo, hay casos en los que resulta difícil explicar por qué un idioma no ha desaparecido pese tenerlo todo en contra. Un ejemplo es el euskera: mientras el resto de lenguas de la península ibérica se desvanecían ante el empuje del latín, este idioma ha resistido todos los embates de la historia. Algunos equiparan esta resistencia a la de las lenguas celtas, también frente al latín, en las islas británicas. En ambos casos se trataba de zonas alejadas de las principales rutas comerciales del Imperio Romano, con un importante número de hablantes y ajenas en cierta medida a la cultura urbana de los romanos. Aún así es un caso que está lejos de ser explicado satisfactoriamente.

Por último, el libro nos ofrece una reflexión sobre el futuro de los idiomas globales. Siguiendo la tónica habitual de la obra, Ostler decide llevarle la contraria a todo el mundo y se abstiene de predecir un futuro tranquilo y dominante para la lengua inglesa. Todo lo contrario, pues esgrime, no sin razón, los numerosos casos en los que lenguas aparentemente sin rival han desaparecido de la faz de la Tierra, lo que nos debe hacer escépticos ante la noción del inglés como lengua universal para toda la eternidad. En este punto Ostler menciona de pasada el revolucionario papel de las nuevas tecnologías en la difusión de las lenguas, aunque no se atreve a asegurar si traen consigo un efecto positivo para los idiomas más hablados o, todo lo contrario, ayudará a la supervivencia de las lenguas minoritarias.


Tuesday, August 7, 2007

Libro: Essentials of Russian Grammar

Essentials of Russian Grammar (Nicholas Maltzoff, 1984) es la mejor gramática del idioma ruso que conozco. Las hay más extensas o más profundas, pero ninguna resume tanta información en un sólo volumen. Es posible que su diseño gráfico deje mucho que desear, pero hay que recordar que es una obra de los años 80. Imprescindible.