La lista de los 28 planetas:
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(...) learning grammar rules in order to use a language is like learning quantum physics in order to drive a car
The results of the present paper show that the orientation of Roman towns in Italy is not random: it
comprises two “families”, one lying in the sector within ten degrees SE, the other near the winter
solstice sunrise. Orientation of some towns to the sunrise in dates corresponding to important
festivities of the Roman calendar, in particular Terminalia, looks also probable.
The existence of astronomical orientations confirms statements made by many Roman writers
themselves, and raises the problem of the symbolic meaning of the castrum layout.
The mass and radius that
we measure for GJ 436 b indicate that it is mainly com-
posed of water ice. It is an “ice giant” planet like Uranus
and Neptune rather than a small-mass gas giant or a very
heavy “super-Earth”. It must have formed at a larger or-
bital distance, beyond the “snow line” where the proto-
planetary disc is cool enough for water to condensate, and
subsequently migrated inwards to its present orbit.
The temperature profile inside the planet is not ex-
pected to modify this qualitative picture. The atmosphere
of GJ 436 b must be hot: the equilibrium temperature is
520 K to 620 K depending on the albedo, and a greenhouse
effect may heat it to much larger temperatures. Tidal ef-
fects from its eccentric orbit must also inject energy in its
interior, but the iron, rock and water equations of state
are not very sensitive to temperature at high pressure.
We can ponder whether the planet has an H/He en-
velope like the ice giants in the Solar System, or if its at-
mosphere is composed mainly of water vapor. Our best-fit
radius value places it slightly above the “pure ice” com-
position mass-radius line of Fortney et al. (2007). A small
H/He envelope may thus be required – even more if an
iron/rock core is present as expected. At the upper end
of the radius error bar, the H/He envelope would have to
represent up to 10% in mass according to the models of
Fortney et al. 2007 (see Figure 3). The lower end of the
range is close to the mass-radius line for pure ice plan-
ets. Water ice mixed with methane and ammonia is less
dense than pure ice under high pressures, so the presence
of a significant amount of these compounds within the ice
could make the planet large enough despite a rock/iron
core to account for the observed radius without invok-
ing an H/He envelope. GJ 436 b could therefore be an
“Ocean Planet” (L´eger et al. 2004).
Existen dos tipos de modos de vibración: los modos de presión (modos p) y los modos de gravedad (modos g). Los modos p han permitido caracterizar desde el punto de vista sismológico casi el 80% del Sol, partiendo de su superficie, lo que equivale a 500.000 km en radio, pues se desplazan por toda la estrella. Sin embargo, pocos alcanzan el núcleo, donde además se detectan con un nivel de ruido tan grande que no proporcionan información precisa.
Hasta ahora se conocía teóricamente la existencia de los modos g, pues salen del mismo formulismo matemático que los p. Aunque hace treinta años que se buscan, no habían sido detectados antes pues los datos suministrados por las redes de instrumentos terrestres, que se turnaban para la observación continua del Sol, no tenían suficiente calidad. Ha habido que esperar a la llegada del satélite SOHO, situado fuera de la atmósfera terrestre, con lo que evita la distorsión atmosférica, y lo bastante alejado de nuestro planeta de modo que para él no se ponga el Sol.
(...)
Las propiedades de las ondas p y g dependen de la composición, temperatura y densidad solares. El método inverso utiliza las frecuencias medidas para deducir las propiedades del interior del Sol, que es capaz de vibrar de millones de formas distintas a la vez. Hay millones de modos p, y se cree que debe haber un número similar de g, pero todavía no han podido ser detectados individualmente .
(...)Hasta ahora los modelos de evolución mostraban que el núcleo solar debía de girar a gran velocidad, pero los resultados obtenidos excluyen una rotación tan rápida. Sería posible un ligero aumento de velocidad de entre dos y cinco veces, pero no el predicho teóricamente. Que su núcleo gire más lentamente de lo esperado, implica la existencia de un mecanismo de freno, que podría consistir en un campo magnético fósil, remanente del colapso inicial de la estrella.
La importancia de dicho resultado en el campo de la evolución estelar es enorme, pues cambia el concepto que se tenía de la vida de las estrellas desde su nacimiento hasta que comienzan la quema de combustible, y podría ayudar a precisar los modelos que explican donde se concentra el campo magnético. Pallé confía en que permita una búsqueda más orientada de los modos g individuales, y que ello posibilite un estudio detallado de las condiciones físicas en el núcleo solar.